Diario de León

CALIX DOMINI

El viaje de novela que trajo el Grial a León

José Miguel Ortega vuelve con la historia que convirtió en Santo Cáliz el de Doña Urraca

El escritor e historiador José Miguel Ortega.

El escritor e historiador José Miguel Ortega.dl

Verónica Viñas
León

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Hace once años desató un «terremoto». José Miguel Ortega, coautor junto a Margarita Torres del libro Los reyes del Grial, un ensayo que defendía que el cáliz de Doña Urraca es el Santo Grial, vuelve ahora a la carga con Calix Domini (Editorial Adarve), una novela de ficción histórica que aporta nuevas pistas sobre la reliquia más buscada de la cristiandad.

A través de dos personajes ficticios, Metodio y Ágata, guardianes del Calix Domini —cáliz del Señor, como se denominaba en la Edad Media a la copa de la Última Cena—, el historiador muestra el contexto en el que se produjo el traslado de la copa desde Jerusalén a Egipto y desde El Cairo a Denia y León. 

Una sucesión de acontecimientos —aparentemente inconexos— que tienen lugar por todo el Mediterráneo en el breve período de cuatro años, obligarán a los protagonistas a luchar para proteger la reliquia de quienes intentan destruirla. Una historia en la que se entremezclan intereses políticos, religiosos y militares en lugares como Roma, París, Florencia, Constantinopla, El Cairo, Denia y por supuesto Jerusalén y León. Ortega no se aparta de los hechos y de las tesis de Los reyes del Grial, pero afirma que, vistos los sucesos «rarísimos» que acontecen en torno al año 1055, el viaje a León del Grial desde la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén adquiere otra consistencia.

En ese momento, muere Constantino IX, emperador de Bizanzio, y le sustituye Teodora, la hija mayor de Constantino VIII, que ya había reinado junto con su hermana Zoe. Teodora rompe relaciones con los fatimíes y, en respuesta, el califa ordena cerrar las iglesias cristianas del califato y robar los tesoros de la iglesia del Santo Sepulcro, incluido el Calix Domini. «Los fatimíes robaron el cáliz a los bizantinos y se lo entregaron a los francos (católicos)» y todo, en medio de las tensiones entre el papado y el Imperio Bizantino. Recuerda Ortega que los bizantinos dominaban el sur de Italia y podían llegar en pocas jornadas hasta Roma. «Todo es una cuestión de relaciones internacionales».

Fernando I, rey de León, pierde a su hermano en la batalla de Atapuerca y se convierte, sin pretenderlo, en el monarca más poderoso de la Península. El Reino de León «tenía muchísimo dinero», porque recibía parias (tributos) de los musulmanes. ¿Por qué Fernando I paga la construcción del monasterio de Cluny en Francia? «León estaba deseando que su poder fuera reconocido en Europa. Al mismo tiempo, los cluniacenses querían crecer a lo largo del Camino de Santiago. A Cluny le están dando una superprotección desde Roma».

Las primeras fuentes documentales sobre el Cáliz del Señor son medievales. Cuando en el año 1099 los primeros cruzados llegan a Jerusalén el cáliz ya ha desaparecido. Solo quedan los relatos escritos por algunos peregrinos que lo habían visto. «Tiene que haber una causa de peso para que los reyes de León oculten que tienen el cáliz». En opinión del autor, guardan silencio por temas de poder y relaciones internacionales. Un secreto que, con el tiempo, se olvida.

Los críticos del Grial

Sobre las críticas de algunos historiadores sobre su libro del Grial, Ortega sale al paso y asegura que proceden todas de «un grupo muy concreto y conectado entre sí. Uno escribió un libro con otros, otro dirigió la tesis de uno más...». Aclara que tanto Margarita Torres como él nunca han dejado de investigar sobre el cáliz de Doña Urraca. La novela Calix Domini, que llegará a las librerías en los próximos días, comenzó a escribirla poco después de Los reyes del Grial. La dejó parada, la corrigió varias veces, y ahora —cuando ha llegado a la convicción de que estaba correcta— ha decidido publicarla.

En cuanto a los intentos de investigadores valencianos por demostrar que el cáliz de la ciudad del Turia es el Grial, Ortega asegura que las investigaciones las ha llevado a cabo «una licenciada en Turismo». Ahí lo deja.

Asegura que la historia está cada vez más «compartimentada». Hay expertos en Historia Medieval de la Península o de un reino, pero «aquí se trata de una historia leonesa, musulmana-hispana y musulmana-fatimí. No hay especialistas de todo y la historia del cáliz no se ha contemplado desde un enfoque más amplio, desde una perspectiva internacional». «Prácticamente, todas las fuentes documentales están publicadas», dice, por lo que parece imposible encontrar pistas del Grial para rellenar el largo espacio en blanco que hay entre el siglo I y el IV. «Es muy difícil que un cristiano del siglo IV supiera la vajilla que utilizaban los judíos 400 años antes». Desde el punto de vista arqueológico, «el cáliz de San Isidoro es el modelo de copa que usaban en la época de Jesús los judíos en las celebraciones», aclara. Cada capítulo de la novela, de 358 páginas, aborda una localidad y una fecha, para facilitar la lectura. «Está escrito cinematográficamente, por escenas, para que sea una lectura más viva», dice el autor. Confiesa que la finalidad del libro es «que la gente se lo pase bien y, de paso, aprenda».

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