El mapa de los tesoros no deja de crecer en León
El inventario de bienes arqueológicos recoge 4.011 enclaves en la provincia, tras sumar 168 nuevos en los últimos cuatro años, cuyas coordenadas son 'secretas'

Necrópolis desenterrada en Galleguillos de Campos durante las obras del canal de Payuelos. Excavaciones en La Carisa.
El subsuelo encierra aún muchos misterios del pasado. En los últimos cuatro años 168 nuevos enclaves de la provincia leonesa se han incorporado al inventario de bienes arqueológicos. Solo la Junta conoce las coordenadas exactas de este «mapa de los tesoros», con el fin de evitar expolios. En una era en la que los satélites detectan, sin salir del despacho, reliquias enterradas desde hace milenios, algunos de los últimos hallazgos han salido a la luz por casualidad, como consecuencia de la construcción de infraestructuras, canales de riego o por el interés de investigadores y aficionados. En el subsuelo está escrita la «biografía» de los pobladores que habitaron esta provincia desde la Prehistoria. Auténticos cofres del tiempo que han preservado restos que van desde la Edad del Hierro a la época moderna, esenciales para saber cómo eran y cómo vivían los antepasados.
La Junta renueva este inventario continuamente con la aparición de nuevos lugares arqueológicos de interés, y reúne datos sobre su cronología, tipología, estado de conservación, descripción general del yacimiento, materiales arqueológicos, tipos de actuaciones y planos. En apenas catorce años, el inventario ha sumado mil enclaves arqueológicos hasta entonces desconocidos. Solo un mínimo porcentaje de los 4.011 yacimientos catalogados actualmente en la provincia leonesa han sido excavados. La falta de subvenciones ha reducido los proyectos de investigación y, consecuentemente, las prospecciones, que prácticamente solo se llevan a cabo cuando es imprescindible.
El título de Bien de Interés Cultural (BIC) únicamente ampara a once zonas arqueológicas, cuatro castillos —catalogados como patrimonio arquitectónico— y doce sitios con arte rupestre, tres de ellos son Peña Furada, Peña Piñera y Pendilla, donde hay destacados petroglifos. Estos once BIC, que no han aumentado en los últimos años, no se han librado de sufrir todo tipo de infortunios, como el saqueo de la cueva Librán o la destrucción de los restos de Lancia por la construcción de la autovía León-Valladolid; o el caso de la villa romana de Los Villares, donde la concentración parcelaria resultó letal para los restos.
Probablemente, solo un golpe de suerte, como ocurrió con los petroglifos localizados por toda la maragatería o los dos esqueletos pertenecientes a dos hombres del Mesolítico hallados en una cueva de Arintero, puede sacar a la luz el ingente patrimonio que yace bajo la «piel» de esta provincia. Las obras de regadío del canal de Payuelos, permitieron descubrir restos de seis siglos de ocupación en Galleguillos de Campos, de época romana y visigoda. Las excavaciones sacaron a la luz una necrópolis con 53 enterramientos y ajuares funerarios, así como vestigios de una villa y una calzada romanas. Los yacimientos arqueológicos en ningún caso son excavados por completo. La legislación establece «la necesidad de acotar zonas de reserva arqueológica, de modo que su preservación para el futuro quede garantizada». También figuran en el mapa arqueológico los 18 campos de maniobras en Trobajo del Camino y Otero de la Valdoncina utilizados por los romanos de la Legio VI y la VII, localizados hace cuatro años.
Evitar a los saqueadores
Acceder a la carta arqueológica, donde se indican las coordenadas de todos los yacimientos de la provincia, exige un permiso de la Junta. Aunque esta «información sensible» no se facilita a cualquiera, los saqueadores tienen sus propios métodos. La ubicación de muchas grutas con arte rupestre, en lugares resguardados en pleno monte y lejos de cualquier población, permite a los ladrones realizar con tranquilidad excavaciones arqueológicas en busca de objetos milenarios muy bien pagados en el mercado negro. Algunas de estas pinturas prehistóricas, como las de Librán, han sufrido ataques vandálicos.
En la carta arqueológica figuran los últimos asentamientos militares romanos localizados en Villagatón, Villamejil, San Justo de la Vega, Soto de la Vega, Villazala, Candín, Valdefresno, Santa Colomba de Curueño, Boca de Huérgano o Villamontán de la Valduerna; vestigios de la Edad del Hierro en Palacios del Sil, La Pola de Gordón, Villapadierna, Vegacervera y Villaselán; o del Calcolítico, en Ardón y Castrotierra de Valmadrigal. También aparecen otros de época contemporánea, como fortines y trincheras de la Guerra Civil.