Adiós al pianista y maestro leonés Joaquín Soriano

Imagen de archivo del pianista leonés Joaquín Soriano.
Joaquín Soriano, el pianista que hizo cantar al piano con la hondura de su alma, ha fallecido a los 84 años. No solo fue un extraordinario intérprete, sino que fue maestro para varias generaciones de músicos, en los cursos que organiza Eutherpe cada año junto al director de orquesta Bruno Aprea.
Nacido en 1941 en León, Soriano fue más que un pianista: fue un poeta de las teclas, un hombre que convertía cada nota en un susurro del corazón. Su viaje comenzó en Valencia, bajo la tutela del profesor Magenti, pero fue en París, con Vlado Perlemuter, y en Viena, junto a Alfred Brendel, donde pulió su talento hasta hacerlo brillar como un diamante. Los concursos internacionales fueron su primer escenario: primer premio en Viotti (Italia) y Jaén (España), segundo en Casella (Nápoles), hitos que abrieron las puertas de una carrera fulgurante. Las grandes orquestas del mundo —la Filarmónica de Israel, la Nacional de España, la Sinfónica de Londres, la Royal Philharmonic— se rindieron a su virtuosismo.
Pero Joaquín Soriano nunca olvidó León. Aquí volvía puntualmente cada año. Vicepresidente de la Fundación Eutherpe, dejó en esta tierra una huella imborrable, impartiendo clases magistrales y compartiendo su sabiduría con una generosidad que Margarita Morais, presidenta de la fundación, describe: «Pianista extraordinario, amigo fiel, profesor de generaciones, querido por su lealtad, nobleza y calidad humana excepcional». En 1978, fundó el Trío de Madrid junto a Pedro León (violín) y Pedro Corostola (cello), un ensemble que llevó la música de cámara española a escenarios como el Kennedy Center, donde su debut fue un triunfo rotundo. Soriano no solo tocaba; hacía que la música hablara. Sus recitales eran confesiones, sus interpretaciones, un diálogo con lo eterno. «La música no se toca, se vive», decía, y él vivió cada acorde intensidad.
Durante los últimos 32 años Soriano fue también miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y del Instituto de España. Recibió la Medalla de Oro de las Artes, la Orden Francesa de las Artes y las Letras y la Medalla de la Ciudad de París.