A la caza del botín de los reyes leoneses
El Estado ejercita el derecho de tanteo para adquirir una moneda de Fernando II para el fabuloso tesoro numismático del Museo Arqueológico Nacional

Moneda de Fernando II vendida por la casa Jesús Vico.
No todos los reyes leoneses tienen el mismo valor. Al menos, desde el punto de vista numismático. A propuesta de la Dirección General de Patrimonio Cultural, el Estado acaba de ejercitar el derecho de tanteo para adquirir cuatro monedas en la casa de subastas madrileña Jesús Vico, especializada en numismática. Según el BOE del 27 de agosto, el lote, por un valor de 56.400 euros, incluye un sestercio de Augusto, acuñado probablemente en el noroeste de la Península; un vellón de Fernando II de León; y dos monedas de oro de Enrique IV y los Reyes Católicos. El destino de todas ellas es el Museo Arqueológico Nacional (MAN), que se vanagloria de atesorar 300.000 monedas, una de las mejores colecciones del mundo, incluido el fabuloso cargamento de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, hundida en 1804, con un botín de miles de monedas de plata y oro, cuyo valor ronda los 400 millones de euros y fue objeto de una larga disputa legal entre España y la empresa cazatesoros Odyssey.
Entre las cien piezas más sobresalientes del MAN hay un maravedí de oro del mismo rey leonés, considerada una de las monedas más significativas de la numismática medieval española. En el anverso aparece el rostro de Fernando II coronado, sin interés por un retrato realista; y en el reverso, un león rampante.
En 2012 la Hispanic Society de Nueva York vendió buena parte de su colección numismática para conseguir liquidez. En ella había auténticas joyas del Reino de León. La casa Jesús Vico subastó varios lotes con monedas únicas, raras y muy valiosas de los reyes leoneses, que llegaron a duplicar el precio de salida. Las más cotizadas fueron dos morabetinos de Fernando II y Alfonso IX. Ni la Junta ni el Ministerio de Cultura se personaron entonces en la venta pública para ejercer el derecho de tanteo.
Alfonso VI (1072-1109) fue el primer rey leonés en acuñar monedas cristianas, curiosamente, dirhemes de plata, aunque de este metal tuvieran poco. El monarca, consciente del poder simbólico de la moneda, ordenó más tarde fabricar piezas de estilo visigodo, en su deseo de ser considerado legítimo heredero del reino visigodo de Toledo. De hecho, acuñó monedas no solo en León, sino también en la capital del Tajo. La casa Vico subastó dos monedas de la colección de la Hispanic Society de este rey, inmortalizado con barba y diadema.
También el Museo de León tiene un pequeño tesoro numismático con más de 8.000 monedas. En la exposición permanente del edificio Pallarés se exhiben piezas singulares, como un denario de plata de Augusto (25-22 a.C), un sestercio de bronce con la imagen de Adriano (121-122 d.C), dinero de plata de Alfonso VI o una blanca de vellón de Enrique III.
Una reina pionera
Doña Urraca, hija de Alfonso VI, fue la primera reina que ejerció el exclusivo derecho real de acuñación de moneda en los reinos de León y Toledo. Acuñó dineros de vellón con ceca en León de ocho tipos diferentes. Sus monedas figuran entre las más valoradas por los coleccionistas.
Documentos preservados en la Catedral de León son el mejor testimonio de cómo fue la circulación de moneda en los 500 años (del 711 al 1252) del Reino de León. Inicialmente, se emplearon monedas «prestadas» de otros territorios, pero, tras la conquista de Toledo, «se hizo necesaria la acuñación de una moneda cristiana propia que simbolizara el nuevo poder surgido frente a los musulmanes», explica en un trabajo de investigación Julio Mínguez Martínez.
A mediados del siglo XII se impone el morabetino como moneda principal, fruto, explica el mismo autor, «de la gran cantidad de oro llegada al Reino de León en forma de parias (tributos) pagadas por los musulmanes». Alfonso VII fue el primer monarca en usar la imagen del león como divisa.
En la provincia se acuñaron monedas entre los reinados de Alfonso VI y Enrique IV. Fernando II fue el primero en emitir una moneda de oro.
El tesoro de Riaño
La sequía propició en 2013 el descubrimiento de un gran tesoro en las proximidades del castillo de Riaño. El descenso del nivel del pantano permitió a los investigadores del departamento de Prehistoria de la Universidad de León Ana Neira y Federico Bernaldo de Quirós iniciar una serie de excavaciones en la cueva del Oso, un lugar de difícil acceso al estar normalmente sumergido bajo las aguas. En la cueva, habitada durante el Paleolítico Medio, los investigadores se toparon con un tesoro de monedas medievales, nada menos que 326, de las cuales 70 eran reales de maravedí, de plata, y en muy buen estado de conservación. Las monedas, depositadas en el Museo de León, pertenecen a acuñaciones de los reyes de Castilla y León Pedro I, Enrique II y Juan I, estos dos últimos de la casa de Trastámara. La importancia de este hallazgo radica tanto en la calidad de las piezas recuperadas como en su número. Las monedas pertenecen a una época turbulenta en la historia de Castilla y León.
A mediados del siglo XIV, momento en el que se acuñaron las monedas, se libró una cruenta guerra entre Enrique II y Pedro I. Este último obtuvo su baluarte en León y el adelantado Mayor del Reino fue Suero Pérez de Quiñones. Sin embargo, según fue avanzando la guerra, trasladaría su lealtad a Enrique. Lo curioso de este episodio es que hasta León llegaron las compañías negras —un ejército inglés acaudillado por el príncipe de Gales— y las compañías blancas, francesas, comandadas por Beltrán Du Guefclin. Lo que ocurrió en realidad fue que se trasladó a España la guerra entre Francia e Inglaterra.