Diario de León

CONCIERTO

El Cocinero Funky sienta a la mesa al Come y Calle

El músico leonés lleva su original propuesta al parque de San Francisco para ofrecer un repertorio urbano y electrónico que se aleja de los cánones clásicos rock de la ciudad, cumpliendo con una de sus máximas: «Para evolucionar hay que arriesgar»

El Cocinero Funky, durante su actuación ayer en el Come y Calle en el parque de San Francisco, con la compañía de sus comensales.

El Cocinero Funky, durante su actuación ayer en el Come y Calle en el parque de San Francisco, con la compañía de sus comensales.pacho rodríguez

Pacho Rodríguez
León

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Si la vida sin música sería un error, un Come y Calle sin El Cocinero Funky era un fallo garrafal. Ayer quedó subsanado con la presencia al mediodía del músico leonés, que ofreció una sesión a su más puro estilo y acompañado por esos peculiares comensales que se sientan a su mesa musical. Ellos interactúan y el cocinero les mira con cierta estupefacción. Ahí empieza el juego escénico. No hay espoiler. El que quiera saber qué pasa que asista a sus conciertos.

Otro momento de la actuación de El Cocinero Funky.

Otro momento de la actuación de El Cocinero Funky.P. R.

Es entonces cuando El Cocinero Funky ofrece platos como canciones en donde lo urbano, lo electrónico, el autotune y todo el batiburrillo actual resulta que en León le convierten en una propuesta única, casi diríase que exótica, en el siempre nutrido panorama musical local.

Sus canciones tienen algo de crónica de aquí. Con ironía y acidez. Y, sin que nadie pida consejo, lo mejor es tomarse en serio su humor y en broma su gravedad. Así circulan un par de canciones nuevas por las redes porque El Cocinero Funky ha abandonado lo convencional propio de la escena musical leonesa, más tendente al conservadurismo de solo discos y conciertos.

De hecho, en un futuro que no ha pasado, este músico leonés podría tener su zona de confort más que resuelta y de manera múltiple por ejemplo en los entornos rock y jazz de la ciudad, puesto que es un buen instrumentista que llega al mundo de la música electrónica tras conocer y aprender de lo tradicional. Es decir, que podría campar a sus anchas por los dominios jazz del Ret Marut o los rock del Gran Café o Black Bourbon. Pero he aquí un hombre tranquilo que rapea o canta reggaeton (que los demás pongan estilos) y deja títulos como Seymour Skinny, Me la suda, Me gusta tu novia o artefactos tal El príncipe de beber.

Si su presencia en el Come y Calle está más que justificada incluso en el contexto, su despedida: «Nos vemos en el Monoloco», dijo, sería llegar a cierta tierra prometida que, por otra parte, poco que añadir salvo que es zona de Morad, Abraham Mateo, etc.

En cualquier caso, que haya artistas en León como El Cocinero Funky resulta refrescante, aunque ya no sean gustos musicales para explorar por otras generaciones. Incluso, tal vez, desde esa distancia, si llegara el éxito sería una noticia para alegrarse en general. No en vano, él mismo explicaba a este periódico que lo suyo tiene algo de cronista en cuanto a sus letras: «En realidad son letras costumbristas, hablan de cosas que pasan en la vida diaria. Hablan un poco de todo, de las relaciones, de lo que se vive en el día a día, de cómo nos relacionamos...». Otra cosa es que si al exponerlo, o aludir a los inevitables lugares comunes de una ciudad menguante, pueda herir supuestas sensibilidades, como es el caso de esta Seymor Skinny. Realmente sería cuestión de que, ya que él no busca lugares autocomplacientes, el público se aplique el cuento a la hora de oírle. Y no pasará nada.

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