MERECIDA JUBILACIÓN
Pepe Amez: de repente, la última jam
El batería leonés cuelga las baquetas este martes en El Gran Café después de toda una vida de grupos y orquestas

El músico leonés Pepe Amez, ayer sábado en El Gran Café.
En resumen, ¿se ha hecho largo o corto todo esto? «Pues si lo pienso bien, se me ha hecho corto. Aunque terminas cansándote sobre todo de partes de este trabajo como cargar, descargar...». ¿Volvería a caer en la tentación musical? «Posiblemente. Hubo un momento en mi vida en la que trabajaba en el Ayuntamiento, en los jardines, en las piscinas. El día que me hicieron fijo pedí la excedencia».
Es Pepe Amez, el batería por excelencia de León. No sé si se dice «cuelga las baquetas», pero el decano, así le califica Mario Álvarez, compañero inseparable en la jam de El Gran Café, se jubila y lo hace encantado. Este martes será el último en la citada jam y a partir de entonces si se le ve por ahí será ocio voluntario. «Supongo que seguiré yendo. Tocar tres o cuatro canciones... Pero dejarlo, lo dejo». Han sido 16 años de martes prácticamente ininterrumpidos desde que Carlos Fernández, bajista histórico de la jam, le captó para la causa. También hará lo propio con Clan Zero, su orquesta de los últimos años de la cual es alma mater otro incombustible de la música leonesa como es Helio Fernández.
magia y precisión
Al igual que Pepe, Pepín siempre, es de máxima magia y precisión tocando la batería, a la hora de recordar se deja llevar más hacia una emoción general que a lo concreto. Pero sí tiene presente que lo suyo con la batería fue una intuición familiar y un asunto de vecindad. «Mi padre tocaba el tambor en Villamandos. Yo le cogía las baquetas y tocaba contra el sofá. Había un grupo que se llamaba Odisea, que ensayaba al lado de casa. Yo bajaba y el batería me dejaba tocar», relata como dos momentos inciáticos de su andadura. Si volviendo a Mario Álvarez, ex Cooper y otras aventuras, asegura que el momento que le enganchó definitivamente a la música fue un concierto de La Polla Records en el Matadero, a Pepe Amez le ocurrió algo parecido pero no igual: «Fue viendo a Storm en el Atomium. Yo tendría 15 o 16 años», relata.
Luego llegaron las canciones, los grupos y las orquestas. Y la música se convirtió en un modus vivendi, replicable a muchos otros casos pero sin bajarse del escenario salvo una temporada con Gerardo Villalba. Sí le diferencia que, como ocurre en la actualidad a casi todos, no ha sucumbido a dar clases.
Sería un rock de Barrabás el primero que salió de su baquetas. Y luego como una canción de King Crimson, uno de sus grupos favoritos, ha pasado una vida laboral larga que se ha hecho corta y, casi al estilo de los deportistas de élite, en la que hay que remarcar la ausencia de lesiones graves. Ese estar en activo puede que sea también el secreto de que aparente muchos menos años que los que le permiten jubilarse. Gracoma, Patógenos (Con otro grande: Luismi Díez), Tres Consentidos (con Gelo Baillo y el inolvidable Toño Caminero), con Tren (grupo de Benavente) o Almacén de Caramelos son sólo unas muestras de su lado musical rock al que se suma la Jam del Gran Café durante 16 años.
Si habla de baterías destaca muchos nombres como Stewart Copeland, al que considera casi un revolucionario en el concepto de batería rock. Pero también se acuerda de Pepe López, el primer batería de Los Cardiacos, «para mi es un referente», afirma.
Por su intensa vida musical también pasaron Ana Y Los Tripis o Suavecito Orquesta, la primera versión de este combo con Carlos Mariano a la cabeza, toda una institución orquestera ahora desde Vilagarcía de Arousa. También con José Luis Pajares ha grabado al igual que en aquella aventura en solitario de Carlos Suárez. Y de todas estas experiencias saca buenas conclusiones. Porque es cierto que este tan gran batería como gran tipo lo ha mantenido en situaciones de todos los colores.