TEATRO
Una 'Observación en Sol Menor' contra la violencia
Marcos Castro estrena en el Teatro San Francisco (20.30 horas) una obra teatral multidisciplinar, con dramaturgia, danza y jazz, que apela al pensamiento crítico

Marcos
Contra la violencia, contra el mundo hostil. Dispara el leonés Marcos Castro sus balas de sensibilidad y da en el blanco del espectador: en el lugar en el que se hace pensar. Actor, dramaturgo, músico, proclive al pensamiento, podría haber centrado este proyecto en una sola disciplina, pero dice, entre algunos nervios del día antes, que se trataba de interpelar al público llegándole por donde pueda darse una mayor comunicación. Así hay propuesta escénica teatral, danza, jazz y todo con una intención que le dejaría satisfecho: «Si lograra hacer pensar en este mundo vertiginoso... Es una obra muy pensada para que el espectador se implique más allá de sentarse en la butaca a verla», afirma. Y se trata de Observación en Sol menor, obra multidisciplinar que estrena hoy en el Teatro San Francisco a las 20.30 horas.
Observación en Sol menor es una obra escrita y dirigida por Marcos Castro de la Puente. Es una propuesta multidisciplinar en la que Castro de la Puente quiere que todos los participantes también aparezcan al mismo nivel. Con intérpretes como María Atienzar, el propio Marcos Castro y Esteban Lavigne. Músicos: Esteban Lavigne (batería), Pablo Hernández (saxofón), Laurent Lavigne (guitarra), José Daniel Bermúdez (bajo eléctrico). Ayudante de dirección: Rosa Beunza Diseño de vestuario: Laura Montes. Diseño de luces: Marina Cabrero. Arreglo musical: Martín Otero. Locuciones: Irene Barsanti, Pablo Hunter, Daniel del Olmo y Rosa Beunza. Y hay que enumerarlos a todos porque esa es la idea: implicación máxima.
«No se trata de que la visión que yo proponga sea la mejor. De hecho ni la tengo. Si deseo estimular. Porque pienso que hay que desarrollar el pensamiento crítico. Como individuos necesitamos conocernos. Aun siendo conscientes de que nunca lo sabremos como esa pregunta filosófica sin respuesta de ¿quién soy yo?», relata.
A partir de ahí, Marcos Castro presenta una obra de teatro que plantea «una experiencia sensorial y poética. Se articula como una sinfonía contemporánea, donde la música en vivo, la palabra, el cuerpo y la imagen se entrelazan para adentrarse en los paisajes invisibles de la mente y confrontar la violencia en su forma más íntima".
"No hablamos solo de la violencia física o evidente, sino de esa violencia estructural, simbólica y cotidiana que hemos aprendido a normalizar. Aquella que se cuela sin hacer ruido y que, desde dentro, contribuye al insomnio, la ansiedad, la tristeza, el agotamiento vital. Esta obra nace de esa urgencia: crear un espacio donde mirar lo que a menudo evitamos ver. Sin embargo, no es una obra violenta. Para hablar de la violencia, no queremos replicarla, sino mirarla desde el lenguaje poético, desde una sensibilidad que abra preguntas en lugar de imponer respuestas. El objetivo no es impactar, sino tocar. Y desde ahí, permitir una reflexión crítica y profundamente humana».