Luis Mateo Díez vuelve con ‘El vigía de las esquinas’
El protagonista de esta farsa es un gacetillero en una ciudad que se desmorona

La fábula está servida en El vigía de las esquinas, muy en el límite de lo que nos tiene acostumbrados el escritor y académicos leonés Luis Mateo Díez, con ese humor disolvente que pone en solfa los comportamientos políticos y morales de un mundo desquiciado. Todo se desmorona en una ciudad que padece muchos de los malos sueños de nuestra actualidad. El desorden impera como un arrebato aniquilador de la vida cotidiana, y nada se mantiene en pie debido a unos sucesos que precipitan la debacle, el tragicómico exterminio de aquellas normas que amparaban nuestra convivencia. La realidad es más frágil e imprevisible de lo que pensábamos, y hay muchas dosis de maledicencia y calentura en las revelaciones de quien protagoniza esta farsa, un desenfadado gacetillero que todo lo observa desde las esquinas de su vigilancia. Esta es, básicamente, la trama del nuevo libro de Mateo Díez, de 440 páginas, publicado por Galaxia Gutenberg, que llegará a las librerías el 5 de noviembre. Así arranca esta nueva aventura de uno de los escritores leoneses más prolíficos y premio Cervantes: «Ciro Caviedo llegó a su casa en la calle Azufre cuando en el reloj de la Constelación daban las tres y media y la noche tenía agujereado el plato de la luna sobre el remanso del Escaldo, que era el río menor de una Ciudad dejada de la mano de Dios y abandonada por sus gobernantes»...
Aventura Luis Mateo que acabará siendo «un escritor póstumo». Si es tan prolífico se debe a que escribir es «un refugio ante la adversidad y los avatares de este mundo contradictorio». Reconoce Luis Mateo que ha conocido seres humanos interesantes, aunque quizá no como los que aparecen en sus sueños, a pesar de que a él se me mezcla mucho lo real e irreal, una delgada línea por la que peregrinan los habitantes de ese más allá que está siempre a la vuelta de la esquina. Personajes que acaso tienen algún rasgo de los amigos y la gente especial con la que toma cañas y que, como ocurrió hace décadas con el periodista Félix Pacho Reyero y Las estaciones provinciales, se identifican con los protagonistas y secundarios que pueblan los parajes imaginarios del autor de La fuente de la edad.