Diario de León

Los monumentos leoneses más siniestros

Fantasmas, demonios y procesiones espectrales forman parte de la 'leyenda negra' de esta provincia

Imagen de archivo de un desfile de esquelos ante la Catedral de León.

Imagen de archivo de un desfile de esquelos ante la Catedral de León.jesús f. salvadores

Verónica Viñas
León

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Algunos monumentos de León ocultan un lado siniestro. Historias terroríficas que cobran vida el día de Todos los Santos. El escritor leonés Jesús Callejo ha contabilizado más de 200 lugares mágicos. La mayoría de los casi cien castillos leoneses tiene su propio fantasma. Nobles y clérigos muertos de forma violenta o en extrañas circunstancias «vagan» por estos edificios históricos. Enterramientos olvidados, apariciones espectrales y procesiones fantasmales forman parte de la ‘leyenda negra’ de esta provincia.

La Catedral de León es un auténtico cementerio gótico. Obispos, nobles como el conde Rebolledo o Brianda de Olivera o reyes como Ordoño II tienen aquí su última morada. Quizá por eso abundan las historias de fantasmas y apariciones.

El sacerdote y periodista onubense Carlos Ros confirmaba, en el libro Los fantasmas de las catedrales de España, que en la Pulchra se pasean cuatro espectros. Ros, licenciado en Filosofía y Teología e investigador de la historia de la Iglesia, se refiere a Ordoño II, cuyos restos reposan en un sepulcro situado en la girola; también penaría por la Catedral el alma de Manrique de Lara, impulsor del templo actual; así como el obispo san Alvito, que trajo los restos de san Isidoro; y, por último, el mismo patrono san Froilán.

En el Panteón Real de San Isidoro, donde está representado San Martín de Tours con la leyenda: Martinus dixit, vade Satanás, hay cuerpos momificados. Las dos momias leonesas más «famosas», la de Doña Sancha y la de un misterioso caballero del siglo XV desenterrado en el pórtico de la Catedral, aparte de generar abundantes «leyendas», fueron saqueadas. Sus lujosos ajuares desaparecieron en el siglo XIX y nunca se ha sabido su paradero.

Palacios malditos

El Palacio del Conde Luna «huele» a muerto. La historia del edificio está llena de cadáveres. El temible Tribunal de la Inquisición tuvo aquí su sede y siglos después albergó una funeraria. Por si fuera poco, existe la leyenda de que el espectro del obispo Rodrigo de Vergara vaga por sus estancias. El prelado, que odiaba al tesorero de la Catedral, le citó un día en el palacio episcopal y lo envenenó. La noticia corrió como la pólvora y el pueblo incendió la sede del obispo, que huyó y se refugió en el Palacio del Conde Luna, donde fue linchado.

Cuenta Francisco de Cadenas, conde de Gaviria, que su Palacio de León tuvo un fantasma. Acudía cada noche a dormir a una de las habitaciones. Nadie sabía quién era, de donde venía ni las intenciones que albergaba. Fue tanta la expectación que levantó que incluso un canónigo de la Catedral, Francisco Salado, se atrevió a realizar un rudimentario experimento para darle caza. Puso de lado a lado de la puerta un hilo imperceptible. A la mañana siguiente, el hilo permanecía intacto y la cama con signos evidentes de que alguien había pasado allí la noche.

En el Palacio de Villasinda, en la calle Ancha, se oían los pasos de Pamela Leonor, hermanastra del dueño del inmueble —Alonso Henríquez de Acuña, conde de Valencia de don Juan—, una mujer de desmedidos instintos criminales. La llamada casa de Zuloaga, cuyo portal está decorado con azulejos del artista vasco, ubicada en la calle Sierra-Pambley, es célebre por las historias de movimientos de muebles. Cuentan que es el fantasma de Fernando Merino, que se suicidó en 1929.

Castillos embrujados

El Castillo de León, actual sede del Archivo Histórico Provincial, está ubicado en la antigua cárcel medieval destinada a prisión de nobles. En 1862 se convirtió en cárcel de presos comunes, hasta que en 1962 fue abandonada. Monumento histórico desde 1931, en torno al edificio han surgido varias leyendas. La más enigmática es la del fantasma del conde que habitaba en este castillo y se ocupaba de la defensa de las murallas de León. Dicen que en la torre se oye un murmullo, que algunos atribuyen al alma en pena del conde. Los hijos de Fruela, así como Alfonso, hermano de Ramiro II, pasaron por sus mazmorras. Al parecer, el duque de Híjar falleció entre estos muros, pero por indigestión.

Sin duda, uno de los castillos que despierta mayor fascinación es el de Ponferrada. Fue la mayor fortaleza en la Península de la enigmática y poderosa orden del Temple. El maestre Fray Guido de Garda tuvo la encomienda del rey Fernando II de León de proteger a los peregrinos que se dirigían a la tumba del apóstol Santiago. Estuvo batallando por Tierra Santa y, según los historiadores, a finales del siglo XII llegó a la capital berciana y eligió el emplazamiento del castillo para vigilar la ruta jacobea. Cuenta la leyenda que el fantasma de Guido de Garda está atrapado en esta fortaleza.

El célebre escritor Francisco de Quevedo ocupó una lúgubre mazmorra en San Marcos entre 1639 y 1643. Según su descripción: «Tiene más traza de sepulcro que de cárcel». San Marcos, parador nacional desde 1965, fue un campo de concentración durante la Guerra Civil. Un lugar de tortura y muerte para la mayoría de los 20.000 presos republicanos que desfilaron por él. Hay quien dice que quizás son suyos los lamentos que se escuchan en esta joya del Plateresco.

Demonios en ermitas

En la ermita del Ángel de la Guarda de Parajís, perteneciente al municipio de Balboa, una talla del demonio comparte protagonismo con el ángel. Las leyendas hablan del infortunio que sufrieron quienes intentaron sacar de esta ermita O Demín, como es conocido. Una de las campanas más antiguas de la Catedral de Astorga, conocida como La Plegaria, tiene grabada la jaculatoria: «Mi voz sea el terror de todos los demonios».

En una pared de la Iglesia de Santiago, en Chana de Somoza, hay un diablo rojo con cuernos y alas de murciélago junto a la palabra Hermógenes. El santuario de la Virgen de la Manzaneda, próximo a Manzaneda de Torío, preservaba un secreto hasta 1973, cuando bajo el encalado aparecieron unos murales del XVIII, que representan una bacanal diabólica. En la iglesia de Gordaliza del Pino hay una cruz realizada con once cráneos de niños.

Las procesiones espectrales también forman parte de la cultura popular leonesa. Denominadas la güeste, huéspeda de ánimas, santa compañía, procesión de las ánimas o la buena gente, aluden a una entidad mitológica formada por una comitiva fantasmagórica que se manifiesta ante los vivos por la noche en los caminos y también ante los enfermos moribundos con el fin de anunciar una muerte, o bien para llevarse a alguien al Más Allá.

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