El martirio de la joya del cluny leonés
Sahagún conmemora a san Facundo y Primitivo, fundadores del Monasterio de San Benito

San Facundo y Primitivo a sendos lados del retablo de la ermita de San Juan de Sahagún.
Sahagún quiere ser rescatada por la orden de Cluny. Las ruinas del monasterio de San Facundo y San Primitivo, testimonio de la grandeza medieval de Sahagún, pueden ser la llave de entrada a la Unesco y su lista de enclaves Patrimonio de la Humanidad. Conocido también como el Real Monasterio de San Benito, no es solo un montón de piedras erosionadas por el tiempo, sino un lugar donde el poder y el arte se entretejieron para forjar uno de los centros espirituales más influyentes de la Península Ibérica.
La localidad renueva hoy el ancestral voto a san Facundo y san Primitivo, los dos mártires que dieron origen a Sahagún. Tras la misa en la ermita donde se custodian las reliquias y las imágenes de los santos, los asistentes reciben almendras garrapiñadas, un dulce que simboliza la gratitud de la villa hacia sus fundadores. No hay que olvidar que el nombre de Sahagún deriva de Sanctus Facundus.
La historia del monasterio se remonta al siglo IX, cuando los cuerpos de los mártires Facundo y Primitivo —soldados romanos decapitados en el siglo III por su fe cristiana— fueron arrojados al río Cea. Según la tradición, en el lugar donde flotaron sus restos se erigió una pequeña capilla, germen de lo que sería seis siglos después un poderoso cenobio. Fue el rey Alfonso III el Grande quien, en 904, fundó el monasterio, dotado de privilegios que lo convirtieron en un faro de la reconquista cristiana.
El apogeo llegó en el siglo XI, bajo el reinado de Alfonso VI. El monarca, casado con Constanza de Borgoña, impulsa la reforma cluniacense y trae monjes directamente desde la abadía madre de Cluny. El cenobio se convierte en el mayor foco de irradiación de la orden en Hispania: un scriptorium de primer orden —del que salió, casi con seguridad, el Beato de Fernando I y doña Sancha, también llamado Beato de Facundo, un excepcional códice que hoy está en la Biblioteca Nacional—, así como hospital de peregrinos, sede de concilios y panteón real.
Auge y declive
En su edad dorada, entre los siglos XI y XII, llegó a albergar alrededor de 800 monjes y poseía señorío sobre más de un centenar pueblos y monasterios desde Galicia hasta Aragón.
Su iglesia abacial, de tres naves y 90 metros de longitud, estaba considerada una de las más grandiosas del románico español. Invasiones, incendios y la desamortización de Mendizábal en 1835 sellaron su destino, dejando el complejo en ruinas.
Del coloso medieval apenas quedan el Arco de San Benito —símbolo de la villa—, la capilla de San Mancio y la Torre del Reloj. En los últimos quince años el monasterio ha vivido una auténtica resurrección. Las restauraciones han permitido consolidar los últimos restos de una abadía que fue la última morada de catorce miembros de la realeza, incluidas las cuatro esposas de Alfonso VI y cuatro de sus hijos.
Este fin de semana Sahagún acoge una nueva edición de las jornadas culturales El sueño de Don Alfonso, un programa cultural dedicado a rescatar la herencia cluniacense. Las jornadas concluyen hoy con la misa del voto y la ruta teatralizada Contactos entre el rey Alfonso VI y Cluny, a cargo de la compañía TeatroNaos, así como una conferencia, a las 18.00 horas, en la Iglesia del Monasterio de Santa Cruz —madres benedictinas— sobre Sahagún y la reina Urraca a través de los documentos, impartida por el historiador Sergio Caminero.
La carretera nacional 120 se diseñó en su día para que pasara por debajo del Arco de San Benito, uno de los últimos vestigios del monasterio por el que Alfonso VI tuvo tal predilección que enterró allí a sus esposas Inés, Constanza, Berta y Zaida y mandó que sus restos, muriera donde muriera, fueran a parar a Sahagún. Desde Toledo, donde falleció en junio de 1109, fue trasladado por su hija Urraca, ya reina de León, tal y como lo dejó escrito el «Emperador de las Españas».
Cluny no es la única carta que está jugando Sahagún. El 23 de septiembre el mudéjar fue declarado «de excepcional interés público» por la Comisión de Cultura del Senado.
El monasterio de San Benito de Sahagún es la cuna del mudéjar hispánico, al que se suman otras tres iglesias de esta villa: San Tirso, San Lorenzo y La Peregrina. Sin embargo, solo el mudéjar de Aragón goza del sello Unesco desde 1986. León, sigue esperando. Y no es poco lo que ofrece: desde la iglesia del monasterio de San Pedro de Montes, que se comenzó en piedra y se terminó en ladrillo, hasta la Ruta de los Artesonados Mudéjares, un itinerario que conecta diez localidades leonesas y tres zamoranas próximas a la Vía de la Plata.