Mecenas para las capillas ‘secretas’ de San Isidoro
El museo ha recibido hasta la fecha 102.000 visitantes, algo menos que el año pasado, cruciales para sufragar con su entrada la apertura de nuevas estancias 'desconocidas' del claustro

Imagen de la capilla de La Magdalena.
San Isidoro ha reclutado este año a 102.000 «mecenas». Son los visitantes del museo, cruciales para emprender obras de restauración. La entrada que pagan permitirá el próximo año abrir al público capillas del claustro que no se tocaron en la reciente remodelación del museo. De momento, la afluencia de visitas ha caído un 3%, lo que supone una merma en la recaudación.
Los «mecenas anónimos» son la principal fuente de ingresos de San Isidoro. Gracias a ellos, el Cabildo pudo aportar casi dos millones de euros —además de los dos de la Fundación Montemadrid— para ampliar uno de los mejores museos románicos del mundo. Las entradas no solo costean intervenciones en el monumento, sino los gastos corrientes, alrededor de 360.000 euros anuales. Sin embargo, además de cubrir gastos, ahorran casi 200.000 euros anuales. Todo un modelo de autofinanciación.
Tras la actual reparación de cresterías y pináculos, el objetivo es añadir nuevas estancias al museo. El artífice de la reforma del Museo de San Isidoro, el arquitecto madrileño Juan Pablo Rodríguez Frade, será el encargo de recuperar la capilla de los Omaña, última morada de una de las familias más poderosas de la Edad Media. La idea es convertirla en un lapidario. En los años cincuenta, casi coincidiendo con la creación del museo, San Isidoro apiló en las galerías del claustro su «colección de piedras». En 2005 se llevó a cabo la limpieza y clasificación de todas las estelas. Se contabilizaron entonces 1.079 piezas, unas 200 de ellas de incuestionable valor. La capilla de los Omaña es una de las
estancias más olvidadas de San Isidoro. El abandono de este oratorio, utilizado como trastero, supuso la ruina de casi la totalidad de las pinturas murales que revestían sus muros en la época de esplendor de la capilla. Son curiosos los grafitis de distintas épocas y caligrafías, así como el dibujo que repesenta una gran cabeza femenina. Aquí están enterrados sus principales benefactores, don Ares de Omaña y su madre, doña Sancha Álvarez de Omaña.
Ares de Omaña fue ejecutado por su tío, el conde de Luna, en la Torre de Santa María de Ordás. Las viejas crónicas del siglo XV recogen el estremecedor suceso de la decapitación del joven a manos del Adelantado don Pedro Suárez de Quiñones. Y todo porque el sobrino se oponía a que su tío construyera en León el actual Palacio del Conde Luna sobre la muralla tardorromana. La enorme estancia conserva en su interior la fragua donde se hicieron las rejas del Panteón Real, la «Capilla Sixtina del románico», a mediados del siglo XIX.
La capilla de los Díaz
La reforma del Museo de San Isidoro permitió abrir capillas hasta entonces inéditas para el público, como la de San Ignacio y la de San José, convertida en el santuario de las primeras Cortes con representación del pueblo llano, celebradas en la colegiata en el año 1188.
Aún queda pendiente, para una futura rehabilitación, la capilla de La Magdalena, de 80 metros cuadrados, propiedad durante siglos de una de las familias más poderosas de la ciudad. Hernando Díaz, regidor vitalicio de León, vecino de la plaza de San Isidoro, casado con Beatriz de Ortega y padre de siete hijos, solicitó al Cabildo una capilla en el claustro. Adquirió la de La Magdalena por 150 ducados, una de las once que hay en el claustro; las otras son las de los Quiñones, los Castañones, los Omaña, los Villafañe, la de San Ignacio, la de San José, la de los Vacas, la de los Salazares, la de Santa Mónica y la del Santo Cristo.