EXPOSICIÓN Y PUBLICACIÓN
Legado fotográfico de Martin Parr en libro
'Grand Hotel Parr' reúne 100 fotografías de la última exposición del genial documentalista contra el consumismo

Una mujer contempla fotografías de Martin Parr.
Con sus fotografías, Martin Parr creó un cúmulo de coloridos fragmentos que, unidos, conformaron una conciencia colectiva del kitsch cotidiano, el mal gusto instalado en los detalles. En el mundo real existía, sí, pero disperso. Gracias a su ojo adiestrado y su buen oficio fotográfico, Parr los cazaba al vuelo, como una rapaz sobre un campo de cereal. En las playas y hoteles, en las fiestas y calles, en el espacio íntimo de las familias, en sí mismo. La composición de estos elementos en un único espacio permanente, un mundo más parecido a un set cinematográfico y casi surrealista (aunque atado a la realidad, al no inventar, no posar) es misión del espectador enfrentado a su obra, que cose en su mente anillos, cabellos teñidos y con laca, flotadores y bañadores, alfombras, sonrisas, maquillaje, maletas de viaje con estampados.
Ese lugar, sin embargo, se hizo realidad, finalmente. El Grand Hotel Parr se instaló en el Neues Museum Nuremberg y reproducía uno de esos hoteles típicos de turistas sonrosados en busca de sol y cócteles, cuyos pormenores captó el fotógrafo. Se pudo visitar hasta el 22 de febrero de este año y ahora se puede conocer en un libro llamado como la exposición, Grand Hotel Parr, editado por RM en España. Pero así como al innovador Parr no le calzaba una exhibición al uso, de imágenes a gran tamaño y enmarcadas con finura, tampoco le iba un libro de fotos sin más. Así que en el museo sus obras eran murales intervenidos y extraviados dentro de un mobiliario. Asistió a la exposición, como atestiguan las imágenes, y supervisó la publicación. «Justo antes de que este libro entrara a la imprenta, recibimos la noticia de que Martin Parr había fallecido en Bristol, el 6 de diciembre (del año pasado)», escriben los editores de The Photobook Museum. «Estamos tristes y sorprendidos, pero también agradecidos por el intenso apoyo y acompañamiento que le dio al libro y a la exposición hasta el final». En la última página, como si fuera un último sarcasmo de Parr, aparece de su puño y letra un rótulo, firmado por él: «Vuelvo en cinco minutos. Aguanta ahí». Desmitificadas, explosivas e invasoras, las fotografías tenían el espíritu transgresor de su autor.