OBISPO DE LEÓN
Juan Martínez de San Millán, renovador religioso en León
De origen leonés, Roberto Rodríguez, profesor de la Universidad de Comillas, rescata en 'Retratos del Valle de San Millán' la figura del insigne obispo

Roberto Rodríguez, con un ejemplar de su libro.
—¿Qué microclima intelectual habría en el Valle de San Millán para que aparezcan personalidades como Juan Martínez de San Millán?
—Esa es precisamente una de las cuestiones que más me llamó la atención durante la investigación. Estamos hablando de un valle pequeño desde el punto de vista demográfico, pero enorme en términos históricos y culturales. La presencia de los monasterios de Suso y Yuso convirtió este territorio en un foco de espiritualidad y transmisión cultural que proyectó su influencia mucho más allá de La Rioja. Aquí nacieron las primeras manifestaciones escritas del castellano, se desarrolló una intensa actividad intelectual y se creó un entorno donde la formación, la religiosidad y el contacto con corrientes culturales amplias tuvieron una importancia extraordinaria. Además, el valle nunca vivió aislado. Muchos de sus habitantes emigraron y terminaron desempeñando papeles relevantes en distintos lugares de España y del mundo. Esa combinación entre una fuerte identidad local y una gran capacidad de proyección exterior ayuda a explicar por qué encontramos tantas trayectorias destacadas en ámbitos tan diversos.
—Juan Martínez de San Millán, teólogo, catedrático de la Universidad de Salamanca, obispo de Tuy y de León, participante en el Concilio de Trento y promotor del colegio de los jesuitas de León. ¿Cómo se centra la labor de este personaje en León? ¿Cómo cree que echa estas raíces en León?
—Juan Martínez de San Millán es uno de los ejemplos más interesantes de la proyección exterior que tuvieron algunos naturales del valle. Su trayectoria intelectual y eclesiástica lo llevó a ocupar responsabilidades de gran relevancia en una época decisiva para la Iglesia católica. En León desarrolló una intensa actividad pastoral y educativa, destacando especialmente por su apoyo a la implantación de los jesuitas en la ciudad y su colegio, por la restauración del palacio episcopal y por las numerosas obras de caridad que llevó a cabo. Su participación en el Concilio de Trento permite situarlo además en el contexto de las grandes transformaciones religiosas del siglo XVI.
—Por cierto, ¿llegó a contactar con alguien en León para saber si está aquí suficientemente valorada la figura de Juan Martínez de San Millán?
—Cuando estaba elaborando el libro, viajé a León para visitar la iglesia de Santa Marina la Real, que es el antiguo colegio jesuita que él promovió, y donde está enterrado y tiene una preciosa escultura funeraria. Allí pude hablar con varios sacerdotes y feligreses y sí guardan recuerdo de él, sobre todo porque instauró en León un voto de homenaje anual a San Millán de la Cogolla, que aún hoy sigue celebrándose con gran asistencia de público. Y en el valle de San Millán se guarda también recuerdo de él, porque fue un gran benefactor de sus paisanos. De hecho, en la oración del Día de Gracias, en septiembre, se incluye un agradecimiento a él desde el siglo XVI en las misas de todos los pueblos del valle.
—Ante tanta materia prima, en este caso humana, que tenía delante, ¿cómo vislumbró la posibilidad de someterte a un reto tan ambicioso? ¿Cómo o con quién empezó todo?
—La idea surgió poco a poco. Llevo muchos años vinculado al Valle de San Millán y de forma recurrente iban apareciendo referencias a personajes que habían dejado una huella importante en la historia del valle o en la historia de España. Empecé recopilando nombres, datos y pequeñas referencias con la intención de que algún día pudieran formar parte de un trabajo más amplio. Y lo que comenzó como una simple recopilación fue creciendo progresivamente. Cada personaje llevaba a descubrir otros nuevos, aparecían documentos, publicaciones y testimonios que ampliaban el horizonte de la investigación. Llegó un momento en el que comprendí que detrás de todos esos nombres existía un auténtico mosaico humano que merecía ser contado. El resultado final han sido 174 biografías construidas tras años de consulta de archivos, bibliografía, prensa histórica y entrevistas.
—¿La gente del valle es consciente con orgullo de todo el valor humano y cultural que se da en San Millán?
—Creo que existe un importante sentimiento de orgullo hacia el patrimonio de San Millán, especialmente por su vinculación con los orígenes del castellano, por la relevancia de sus monasterios y por figuras como Gonzalo de Berceo o María de la O Lejárraga. Sin embargo, una de las razones que me impulsó a escribir este libro fue precisamente mostrar que el legado humano del valle es todavía mucho más amplio. Hay decenas de personas que participaron en acontecimientos fundamentales de la historia y cuyos nombres habían ido quedando relegados al olvido. Recuperar esas trayectorias es también una forma de reforzar la conciencia colectiva sobre la riqueza histórica de este territorio y de transmitirla a las nuevas generaciones.
—¿Tiene contacto con León?
—Tengo orígenes leoneses. Mi abuelo paterno nació en Villasabariego, y he ido bastantes veces a la capital, tanto por cuestiones familiares como profesionales. Y soy un gran admirador de Julio Llamazares, no me pierdo ninguno de sus libros.