Ismael Martín, torero: "Busco un toreo variado, pero que tenga pureza"
El joven salmantino llega este sábado, 13 de junio, a Sahagún
Ismael Martín durante su última actuación en Las Ventas, Madrid.
Este sábado, en Sahagún, el joven torero salmantino Ismael Martín realizará una corrida. Tras su paso por Las Ventas, donde fue la revelación y uno de los momentos clave de su carrera, la emoción, la responsabilidad y la entrega marcan una figura que reflexiona sobre su presente, sus miedos, sus supersticiones y su forma de entender el toreo, además de su crecimiento.
—Este sábado vuelve a torear en Sahagún. ¿Qué supone para usted regresar a una plaza en la que ya dejó buenas sensaciones la pasada temporada?
—Las expectativas están por las nubes. El año pasado tuve la oportunidad de torear allí y guardo un recuerdo muy bonito de aquella tarde. Es una plaza muy especial, muy coqueta y con unas características diferentes, porque apenas tiene callejón, pero precisamente eso le da una personalidad única. Es una plaza en la que me siento cómodo y donde la afición vive el toreo muy de cerca. Además, tengo mucha confianza en la ganadería que se lidiará este fin de semana, tanto por lo que representa como por la relación que me une con el ganadero. Espero que podamos vivir una gran tarde de toros, que los aficionados disfruten, que haya triunfos y que la gente salga de la plaza hablando de toros, que al final es lo más importante. Después de lo vivido en Madrid llego con una motivación enorme y con ganas de seguir demostrando mi evolución y mi compromiso con esta profesión.
—Tras convertirse en el torero revelación de Las Ventas, ¿qué sensaciones le dejó aquella tarde y cómo ha influido ese reconocimiento en su trayectoria profesional?
—Fue una tarde muy especial y muy importante para mí. Madrid siempre supone una responsabilidad añadida porque sabes que estás actuando en la plaza más exigente del mundo y que cada detalle se analiza al máximo. Evidentemente había nervios, pero aquel día la ilusión y las ganas de triunfar fueron más fuertes que cualquier miedo. Las cosas salieron de manera natural, pude expresarme como torero y entregarme por completo delante de una afición que también respondió entregándose conmigo. Sentir cómo rugía Madrid es una sensación difícil de explicar con palabras. Ese reconocimiento como torero revelación supone una enorme motivación para seguir trabajando y evolucionando, pero también espero que sirva para abrir puertas y para que la gente siga hablando de Ismael Martín durante toda la temporada. Lo importante ahora es que aquello no se quede en una tarde concreta, sino que sea el inicio de un camino más largo.
—Al terminar una actuación tan importante como la de Madrid, ¿qué pasa por la cabeza de un torero cuando se queda solo después de todo lo vivido en la plaza?
—Lo primero que sentí fue tranquilidad y satisfacción personal. Antes de hacer el paseíllo me había prometido a mí mismo que no quería guardarme nada dentro, que no quería volver al hotel pensando que podía haber hecho más. Cuando terminó la corrida tuve la sensación de haberme vaciado por completo, de haber dado todo lo que tenía. Para mí eso es fundamental porque al final un torero puede triunfar o no, pero lo que no puede permitirse es quedarse con la duda de no haberlo intentado todo. Después de esa primera reflexión, rápidamente empecé a pensar en la siguiente corrida.
Mi situación de más miedo no es cuando sale el toro, sino mucho antes, cuando me estoy vistiendo o de camino hacia el sorteo
—Con tan solo 22 años ya ha vivido momentos que muchos profesionales tardan años en alcanzar. ¿Cómo gestiona el éxito y la presión que genera tener tantas expectativas a su alrededor?
—La verdad es que no me da mucho tiempo a pensar en ello. Todo está ocurriendo muy rápido y prácticamente vivo cada acontecimiento sobre la marcha. Los triunfos apenas se saborean porque enseguida tienes que preparar la siguiente actuación. Creo que con el paso de los años seré más consciente de lo que estoy consiguiendo. Ahora mismo intento mantener los pies en el suelo y recordar todo el esfuerzo que hay detrás. Mucha gente ve el resultado, pero no ve los inviernos entrenando, los sacrificios, las horas de preparación o la incertidumbre.
—Muchos aficionados destacan su personalidad en la plaza. ¿Cómo definiría su concepto del toreo y qué quiere transmitir cuando se pone delante de un toro?
—Mi intención es ser un torero variado, capaz de sorprender al público, pero sin perder nunca la pureza que considero fundamental en este arte. Me gusta buscar el muletazo largo, llevar al toro sometido desde el inicio hasta el final del pase y conseguir que cada embestida tenga profundidad y emoción. También intento cuidar mucho el toreo de capote y ofrecer variedad en todos los tercios. Creo que el aficionado merece ver un espectáculo completo porque ha pagado una entrada y merece que el torero se entregue al máximo.
Vivo por y para el toro, me levanto soñando con el toreo y con la idea de ser cada día mejor. No sabría qué sería de mi vida sin esto
—Su relación con el mundo del toro comenzó desde muy pequeño. ¿Cómo recuerda esos primeros contactos con la tauromaquia y qué papel ha tenido sus maestros en su formación?
—Mis primeros recuerdos están ligados a mi abuelo, que me llevaba a los toros cuando era muy pequeño. Gracias a él descubrí este mundo y nació una afición que todavía hoy sigue creciendo. Cuando falleció perdí un poco el contacto con los toros, pero unos años después un primo se apuntó a la Escuela Taurina de Salamanca y aquello volvió a despertar mi interés. Yo me incorporé a la escuela con nueve años y desde entonces mi vida ha estado ligada al toreo. Siempre estaré agradecido a mis maestros porque no solo me enseñaron cuestiones técnicas, sino también valores fundamentales. Me enseñaron disciplina, respeto, educación y una forma de afrontar la vida.
—Existe la imagen de que los toreros son personas especialmente supersticiosas. ¿Es su caso y cómo convive además con el miedo que implica una profesión tan arriesgada?
—Sí, tengo bastantes supersticiones y, curiosamente, cada vez tengo más. Intento quitármelas porque sé que muchas veces son manías, pero al final terminas desarrollando pequeños rituales que te acompañan en cada corrida. Por ejemplo, suelo vestirme empezando por el lado derecho del cuerpo, entro a la plaza con el pie derecho, toco las tablas antes de comenzar y me santiguo varias veces. Son costumbres que me dan tranquilidad. Respecto al miedo, existe y forma parte de esta profesión.
—Después de todo lo conseguido recientemente, ¿qué objetivos se marca para el futuro y qué sueños le quedan por cumplir dentro del toreo?
—Mi principal objetivo es seguir toreando y consolidándome poco a poco. Sé que apenas llevo dos años de alternativa y que todavía me queda muchísimo camino por recorrer. Ojalá el reconocimiento de Madrid sirva para abrir nuevas puertas y para que suene más el teléfono. También me gustaría poder lidiar ganaderías importantes como las de Vitoriano del Río o Santiago Domecq en plazas de máxima responsabilidad. Y, por supuesto, deseo volver a Madrid y también triunfar en mi casa, Salamanca, donde siempre me siento querido. Mi sueño es llegar a ser figura del toreo.