León y la moneda con la que Roma pagó a traidores
Acuñado como símbolo del poder númida, fue utilizado para pagar a las tropas de Pompeyo en la guerra civil contra César. Está en el Museo de León

La moneda que se conserva en el Museo de León y ocupa un lugar destacado en sus vitrinas.
Remite a un territorio lejano, lo que nos lleva a preguntarnos por qué esta moneda ocupa un espacio tan destacado en el Museo de León. La persona que apareció en ella es el rey númida Juba I. Su busto se grabó en el anverso y fue rodeado por una leyenda latina que proclamó su poder. Fue un cambio significativo, ya que sus antecesores se limitaron a exponer abreviaturas escritas en púnico. Además, frente a las efigies más idealizadas de estos reyes, esta se figuró con un realismo deudor del retrato romano-republicano.
El anverso de esta moneda proclamó la soberanía númida frente a Roma, demostrando que era capaz de hacer lo que ella no se atrevía: representar en sus monedas a gobernantes vivos. El reverso, en cambio, apeló directamente al territorio. En él se representó la fachada de una construcción importante para la población local (un palacio, monumento o santuario). Esta quedó flanqueada por una inscripción neo-púnica que también afirmaba la autoridad del rey. Se trata de una estrategia de bilingüismo que derivó del contexto político-bélico de la época.
En estos años se desarrolló la guerra civil de Julio César y Pompeyo. Juba I apostó por el segundo, y este denario se acuñó para pagar a las tropas que resistían el avance de César en el Norte de África. La definitiva victoria cesariana marcó el final del reino númida. Fue entonces cuando estas piezas fueron absorbidas por el flujo provincial-romano permitiendo su circulación en territorios como el norte hispano.
La moneda procede del fondo de la Comisión de Monumentos de León. En ella se lee la historia de un territorio lejano, el del norte de África, lo que nos lleva a preguntarnos por qué este ejemplar ocupa un espacio tan destacado en las vitrinas del Museo de León.
La persona que apareció en la pieza es el rey númida que encargó su fabricación, Juba I. Lo novedoso de ello no es el simple hecho de que el monarca se exhibiera en su superficie, pues los gobernantes norteafricanos llevaban casi dos siglos mostrándose en las acuñaciones. Lo verdaderamente innovador fueron los elementos visuales elegidos. Su busto se grabó en el anverso y fue rodeado por una leyenda escrita en latín, REX IVBA, que proclamaba su poder ante propios y, especialmente, ante extranjeros. Se trataba de un cambio significativo, ya que sus antecesores apenas usaron inscripciones monetarias y, cuando lo hicieron, se limitaron a exponer abreviaturas, escritas además en la principal lengua local: la púnica.
Además, frente a las efigies más idealizadas de sus predecesores, esta imagen se delineó con un realismo inusual, deudor del retrato romano-republicano. Sin embargo, Roma aún no había representado en sus monedas a personajes vivos. Figurar en el dinero el rostro de un dirigente en activo seguía considerándose un acto tiránico, y solo Julio César se atrevió a pedir al Senado hacerlo, logrando el permiso poco antes de su muerte. Por tanto, el anverso de esta moneda no solo interpeló a Roma, sino que manifestó frente a ella un estatus de igual a igual, el de un reino soberano y no el de un simple cliente.
Pero si esta cara proclamó la soberanía númida frente a las interferencias extranjeras, el reverso apeló directamente al territorio norteafricano. En él se representó la fachada de una construcción con ocho columnas levantada sobre cuatro escalones. Aunque es evidente que este icono remitió a una edificación importante para la población númida, su identificación sigue siendo dudosa. Pudo representar un palacio, un monumento conmemorativo o, más probablemente, un santuario. Flanqueándolo se grabó una inscripción neo-púnica, YWB’Y HMMLKT, que puede traducirse como ‘Juba, rey’.
El uso de leyendas escritas en dos lenguas convirtió a esta pieza en un objeto capaz de legitimar la autoridad númida ante distintas poblaciones. Pero, a diferencia de lo que se observa en otros objetos, el bilingüismo de esta acuñación no derivó de la integración multicultural. Fue ocasionado por el contexto político-bélico que motivó su fabricación. Entre los años 49 y 45 a.C., se desarrolló la guerra civil que enfrentó a Julio César y Pompeyo el Grande. Juba I apostó por la causa pompeyana, y este denario se acuñó en el puerto más importante de la región para pagar a las tropas que resistían el avance de César en el Norte de África. Para que su dinero fuera aceptado, el rey adoptó el peso del denario, lo que facilitó la posterior conservación de estas monedas.
La derrota de Juba I en la batalla de Thapsus marcó el final del reino númida. César integró buena parte del mismo en la nueva provincia del Africa Nova, y el hijo del monarca fue llevado a Roma. Aquel niño acabaría gobernando la vecina Mauritania con el nombre de Juba II, siendo la persona con quien Augusto desposó a Cleopatra Selene, hija de Cleopatra VII y Marco Antonio. Pero esa es otra historia, con sus propias monedas. La de este denario apenas comenzaba, pues tras la caída de Juba I, estas piezas fueron absorbidas por el flujo provincial-romano permitiendo su posterior circulación en territorios tan alejados como el norte de las Hispaniae.
* Eduardo Ramil Rego es profesor del área de Arqueología del departamento de Historia de la ULE