Diario de León

La frontera médica

Estudiantes de Enfermería hacen un trabajo con migrantes sobre las dificultades que afrontan cuando enferman en tierra extraña y lo muestran en la exposición ‘Manos que cuidan, lienzos que unen’ en Sierra Pambley

Fotografía de algunos de los trabajos de la exposición.

Fotografía de algunos de los trabajos de la exposición.dl

Claudia Melcon
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León

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La Fundación Sierra Pambley inaugura hoy a las 6 y media de la tarde la exposición «Manos que cuidan, lienzos que unen. Historias de salud y migración». Se trata de una exposición singular puesto que se trata de una colección de 23 lienzos creados por el alumnado del primer curso del Grado de Enfermería de la Universidad de León en colaboración con personas migrantes usuarias de Cruz Roja León. La exposición estará disponible hasta el 11 de septiembre de 5 a 8 de la tarde.

Elena Andina Díaz, profesora responsable de la asignatura «Transculturalidad, Salud y Género» de este grado ha sido la promotora de esta iniciativa de innovación docente e investigación: «Entre las actividades que teníamos programadas, queríamos hacer una salida a las instalaciones que tiene la Cruz Roja en la calle Alcalde Miguel Castaño. Queríamos que el estudiantado trabajara mano a mano con personas migrantes con el fin de reflexionar sobre sus realidades para que reflexionaran e hicieran un taller de catarsis. Así surgió la idea y les pareció bien».

El objetivo principal de esta iniciativa fue que el estudiantado conociera una realidad que les era lejana y su sensibilización: «Llegan a la carrera con la sensación de que enfermería es una profesión clínica llena de técnicas, y cuando llegan a asignaturas como esta se sorprenden. Enfermería es cuidar, también en la vulnerabilidad. Además quisimos que con este proyecto trasladáramos esa reflexión y sensibilización a la comunidad».

Andina explica que los cuadros fueron fruto del diálogo y la conversación entre los futuros enfermeros y las personas migrantes: «Nos desplazamos allí tres días con en torno a 100 estudiantes y los dividimos en tres grupos. Desde Cruz Roja nos ayudaron a contactar con usuarios de esta organización que estaban haciendo el curso de español y les animamos a participar. Cuando salían de las clases de español, 1 o 2 migrantes hablaban con cuatro o cinco estudiantes. Los migrantes narraban su periplo así como el contacto con el sistema de salud, y en función de lo que les contaran tenían que representarlo en el lienzo. De esta forma, son pinturas creadas por los estudiantes y por las personas migrantes».

Andina afirma que la experiencia ha sido desafiante a la par que placentera tanto para las personas migrantes como para los estudiantes, así como para los tres profesores de la asignatura. Además de Elena Andina Díaz, los otros dos profesores de la asignatura son David Bermejo y Bárbara Santamarta: «Había muchas personas que no hablaban bien el español. Había personas de países como Argelia, Colombia o Brasil. En muchos casos, por la barrera idiomática, el estudiantado tuvo que hacer un doble esfuerzo. También nos hablaron de que la barrera idiomática les había dificultado acceder al sistema de salud. Tras los talleres, les envíamos un cuestionario tanto a las personas migrantes, como a los estudiantes para que valoraran la experiencia. Por una parte fue muy enriquecedora para las personas migrantes, ya que se sintieron muy escuchadas. Por otra, al estudiantado le hubiera gustado escuchar otros testimonios y les ayudó a sensibilizarse, a empatizar con este colectivo y a reflexionar sobre otras realidades que aunque que les cuenten sobre ellas, les cuesta entender».

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