Diario de León

Antonio Valbuena vuelve a León

El insigne escritor leonés regresa con tres publicaciones reimpresas por el ILC en los últimos años. La última, ‘Caza mayor y menor’, este mismo verano

Antonio de Valbuena en un retrato.

Antonio de Valbuena en un retrato.ILC

Ismael García
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León

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Hay escritores que desaparecen cuando mueren. Y hay otros que desaparecen mucho después, cuando dejan de encontrarse sus libros en las librerías, cuando sus nombres sobreviven apenas en una calle, un colegio o una placa y cuando las generaciones siguientes ya no tienen ocasión de leerlos. Antonio Valbuena pertenece, durante demasiado tiempo, a esa segunda clase.

Nació en 1844 en Pedrosa del Rey, en la Montaña Oriental leonesa, un pueblo que hoy duerme bajo las aguas del embalse de Riaño. Murió allí mismo, en 1929, después de una vida atravesada por la literatura, el periodismo, la polémica y una devoción casi física por la tierra en la que había nacido. Entre ambas fechas construyó una obra tan abundante como combativa: cuentos, novela, poesía, artículos y crítica literaria.Durante años fue un escritor popular. Mucho más popular de lo que hoy permite sospechar el silencio que cayó sobre su nombre. Sus libros llegaron a alcanzar siete y ocho ediciones y sus contemporáneos lo situaron al lado de figuras como Leopoldo Alas «Clarín» o Emilia Pardo Bazán. Esta última llegó a considerarlo uno de los escritores más leídos de su tiempo. Valbuena tenía lectores, partidarios y también enemigos.

Probablemente necesitaba de unos y otros para seguir escribiendo. Porque Antonio Valbuena no fue un escritor cómodo. Su pluma se hizo célebre por la dureza con la que juzgaba a otros autores y, especialmente, por sus ataques al mundo académico y a la Real Academia Española. Los Ripios y la monumental Fe de erratas del Diccionario de la Academia son la expresión más conocida de aquel temperamento crítico. Había en él una voluntad de defender la lengua, pero también una inclinación irrefrenable hacia la polémica. Con el tiempo, aquella personalidad combativa pudo contribuir a que su obra fuera quedando arrinconada. Y, sin embargo, cuando se vuelve a sus cuentos, lo que aparece no es solamente el polemista.

Aparece León. Aparecen las montañas, los pueblos, los caminos, los oficios y las gentes. Aparece la vida menuda de quienes casi nunca entran en los libros de historia: taberneros, herreros, curas, estudiantes, sastres, criados, alcaldes, secretarios de ayuntamiento, mozas y mozos. Aparecen también los caciques, los pucherazos, los abusos y las pequeñas injusticias de una sociedad que Valbuena conoció de cerca. En sus páginas hay humor y cazurrería, pero también una mirada atenta hacia esa intrahistoria que sucede lejos de los grandes acontecimientos. Por eso Rebojos conserva hoy algo más que valor literario. Sus cuentos funcionan también como una ventana hacia una Montaña leonesa que ha cambiado profundamente o que, en el caso de Pedrosa del Rey, sencillamente ha desaparecido. 

El escritor convirtió en materia literaria aquello que tenía delante de los ojos: la conversación de los pueblos, sus costumbres, sus conflictos, sus personajes y aquella particular manera de mirar el mundo. El Instituto Leonés de Cultura entendió que recuperar a Valbuena significaba también recuperar una parte de esa memoria. En 2021 inició la colección Biblioteca Antonio Valbuena con Rebojos. Cuentos de la Montaña Leonesa. Un año después llegó Parábolas. Cuentos de las comarcas leonesas y en 2024, Caza mayor y menor. Vivencias y recuerdos de la Montaña Leonesa. Las nuevas ediciones no se limitan a reproducir los antiguos textos: incorporan estudios preliminares y una adaptación de criterios de puntuación, acentuación y edición para acercarlos al lector actual. Y entonces ocurre algo que contradice el olvido. Los lectores compran. 

Tanto Rebojos como Parábolas han tenido que ser reimpresos dos veces y, según el propio ILC, se encontraban prácticamente agotados a la espera de una tercera reimpresión. El dato tiene algo de justicia literaria. Aquel escritor que llegó a codearse en popularidad con los grandes nombres de su época vuelve a demostrar, más de cien años después, que todavía tiene algo que decir. Quizá porque Valbuena no escribió solamente sobre su tiempo. Escribió sobre una tierra.

En Caza mayor y menor, publicada originalmente en 1913, regresó a los paisajes de su infancia y juventud. Prioro, Riaño, Valdeón, los montes, las cacerías y las costumbres de la Montaña Oriental aparecen en sus páginas junto a los aluches, los bolos, el canto del ramo o la indumentaria tradicional. El libro es, al mismo tiempo, memoria personal, relato y documento de una sociedad que empezaba a quedar atrás. Tal vez ahí esté la razón de que Valbuena vuelva ahora.

Porque el tiempo puede borrar una casa, inundar un pueblo y convertir a un escritor en una nota al pie. Pero no siempre consigue borrar las palabras. Pedrosa del Rey ya no está. Valbuena sí. Está en sus cuentos, en sus paisajes, en sus personajes y en esa lengua suya, viva y mordaz, que todavía permite escuchar el rumor de una Montaña que se fue. Durante décadas, León dejó a Valbuena en el silencio. Ahora sus libros vuelven a las manos de los lectores.

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