Versos de Alfredo Nistal para una muerta muy viva
El político leonés se convirtió a su pesar en el protagonista de un sainete con espíritus incluidos

Imagen de uno de los periódicos que publicó la noticia.
La edificaste como una Alhambra,—entre la higuera y entre la vid... Con las herrumbres, con los espinos, con los hallazgos que hace el azar, las viejas cosas de obscuros sinos, y con las piedras de los caminos, y les yesones del clavijar, has amasado tu excelso alcázar con las herrumbres, con los espinos, con los hallazgos que hace el azar. Le has amasado—pan de ternura— (pan de ternura: pan de dolor) de tu reposo, de tu sudor, de tu demencia, de tu cordura, tu vida ha sido la levadura. Con la constancia del soñador le has amasado—pan de ternura— (pan de ternura: pan de dolor)...» Estos versos labrados sobre el friso de una estancia presidían el paso a la otra vida de Amparo Bravo Blanco, desconocida en la actualidad, pero que se convirtió a su pesar en una celebridad en los años 30. A su pesar porque nació a la vida pública precisamente por su muerte o, mejor, por lo que ocurrió después de morir. El periódico Crónica lo publicó en 1935, algunos días después de que su cuerpo fuera encontrado una información cuyo colofón reservaba una sorpresa a los leoneses. Y es que en el comedor, en la misma estancia en la que Amparo se encontró con su creador, los investigadores encontraron un friso de azulejos con versos de Alfredo Nistal, el conocido político republicano que formó parte del comité de enlace en la Revolución de Asturias. Meses después se supo que el constructor de la casa y Nistal pudieron haber sido compañeros de logia masónica y este último le escribió el texto como gesto de amistad. No puede ser de otra manera, puesto que los conceptos de herrumbre, vid e higuera dentro de la masonería están vinculados a la filosofía moral, la herencia bíblica y el perfeccionamiento del iniciado mediante alegorías de la naturaleza y los metales.
El caso es que Amparo Bravo Blanco trabajaba de criada en Peña Grande, Fuencarral, la casa de un conocido masón cuya familia tenía fama de practicar el esoterismo. Puede que por esa razón todo confluyera hacia una serie de elucubraciones muy del momento en las que se mezclaron o, mejor, se confundieron los símbolos de la logia con el espiritismo. En las fotos que aparecen en el diario, Amparo parece sonreír varios días después del suceso luctuoso que acabó con su vida debido a una angina de pecho. Y es que, 24 horas después de su muerte, el cadáver no presentaba signos de rigor mortis ni ningún tipo de proceso de corrupción, extremo confirmado por los médicos que realizaron la autopsia. En la imagen puede verse efectivamente cómo —en el momento en el que es trasladada al Anatómico Forense de Madrid— la muerta tiene un rictus extraño. «En efecto, Amparo Blanco parecía más viva que muerta. Sus ojos miraban serenamente, su rostro sonreía, y no estaba pálida. Ni el más leve signo de dolor. Los ojos no estaban vidriados, a pesar del tiempo transcurrido. Pero lo más asombroso es que el cadáver no tenía ni la rigidez ni la temperatura de los muertos. Las articulaciones funcionaban con normalidad y en algunas zonas, especialmente en la precordial, se observaba una temperatura templada», reza la crónica periodística.
Los médicos, Reinoso y Cortés, pensaron en suspender la autopsia y fue entonces cuando comenzó a obrar la rumorología sobre las prácticas espiritistas de la familia y surgieron voces que aseguraban que la muerta estaba viva, que había resucitado, que todo era el resultado de la acción del más allá.
La noticia llegó a los periódicos de Madrid y un reportero visitó el hotel de Peña Grande y amplió el efecto del misterio: «Era de noche. Sobre un altozano se elevaba la casa, envuelta en sombras. Llovía. Los caminos estaban intransitables. Por si fuera poco, ladró el perro». En fin, el ambiente era como para que hiciera su aparición uno de esos monstruos que crea en la pantalla Boris Karloff. Además, aseguró que en la casa vivía una familia extraña, dedicada en cuerpo y alma a las prácticas del espiritismo. Cuando el reportero descubrió los versos del friso, la alarma creció hasta el punto de que la opinión pública pidió que la pobre Amparo no fuera enterrada. Llegaron a decir que los dueños de la casa habían intentado poner en trance a la pobre Amparo y la mujer cayó muerta, víctima del pánico y de la emoción...
A las 50 horas de la muerte desaparecieron todos los signos paranormales y los médicos iniciaron la autopsia con la que descubrieron que Amparo Blanco había muerto de una angina de pecho.