Cuando Roma arrasó La Ercina a sangre y fuego
Investigadores de la ULE desvelan un campamento romano vinculado a las Guerras Cántabras en La Ercina

Ilustración del Campamento romano encontrado en Peña del Castro en La Ercina.
No fue una mera conquista. Roma destruyó de manera deliberada el poblado, incluso a través de la guerra psicológica porque no se trataba solo de vencer sino de humillar y borrar la identidad de los habitantes y de romper sus vínculos con el territorio.» Los trabajos en el yacimiento de Peña del Castro en La Ercina que se han desarrollado durante este verano desentierran la película de una escena que poco tiene que ver con la idea de romanización civilizatoria con la que normalmente se idealiza el proceso de conquista. El director de la excavación, Eduardo González Gómez de Agüero, describió ayer los hallazgos de una investigación que destapa la que podría ser una de las últimas batallas de las guerras cántabras.
El profesor de la Universidad de León urgió a dejar de lado la romantización de este proceso y advirtió de que fue una campaña que arrasó con «fuego, armas y guerra» en la que los pobladores no tuvieron la más mínima oportunidad. Lo sabe porque en la campaña se han descubierto restos que demuestran la «voluntariedad» de destruir a nivel estructural. «Hay una parte del poblado que está intacto porque se cayó sobre él una muralla y permite comprender cómo fue la destrucción del resto». El investigador llama la atención además de los restos romanos que han descubierto sobre los derrumbes, vestigios que corroboran la tesis de que la conquista fue muy violenta. Gómez de Agüero se muestra convencido de que las mujeres y los niños fueron vendidos como esclavos porque las guerras siempre tenían un rendimiento económico con el que financiar a las élites romanas.
Fotogrametría
El descubrimiento no ha sido una casualidad sino fruto de las campañas anteriores en las que el equipo detectó que el poblado había sido destruido de manera simultánea a la ocupación romana. Pusieron en marcha entonces una prospección del entorno con distintos medios —como fotogrametría aérea LIDAR— que les llevó a identificar una estructura que podía corresponder a un campamento romano relacionado con el asedio y destrucción de Peña del Castro.
Las evidencias revelan una estructura de 700 hectáreas con capacidad para entre 400 y 500 legionarios, y un importante sistema de fortificación. El perímetro estaba delimitado por una muralla construida con piedra local, de unos 1,5 metros de anchura. Aunque actualmente conserva una altura inferior al medio metro, los investigadores consideran que habría alcanzado aproximadamente el doble durante su utilización.
En el interior se construyó una plataforma de tierra de unos doce metros de anchura, obtenida mediante la acumulación de materiales del propio terreno, que servía como espacio de ronda, reforzaba la consistencia de la muralla y elevaba la superficie del campamento respecto a la ladera. También se documentaron indicios de estructuras interiores construidas con materiales perecederos.
Sin defensa posible
«Los habitantes de la Ercina no tuvieron ni una oportunidad», destaca Eduardo González Gómez de Agüero, que subraya que el poblado, de alrededor de dos hectáreas, tenía templos, almacenes, calles... «Además, allí vivían mujeres, ancianos y niños, no solo hombres, con lo que poco pudieron hacer contra una tropa de soldados preparados para la conquista», manifiesta.
Una de las posibilidades que arroja la investigación es que la batalla tuviera dos fases: una primera en la que la vanguardia estudiara el terreno y la definitiva. Entre las dos, según el director de la excavación, pudieron pasar días, meses o años. Tampoco se conoce hasta ahora la ventana temporal de la batalla porque, aunque se han encontrado materiales como restos de armas o tachuelas de las sandalias, no ha habido suerte de momento con monedas que puedan arrojar datos sobre ese momento histórico.
Las investigaciones previas habían documentado un incendio de gran intensidad que arrasó parte del asentamiento y destruyó estructuras destacadas, entre ellas los dos templos de la Edad del Hierro identificados en campañas anteriores, pero los nuevos resultados abren también una línea de investigación sobre la posibilidad de que, tras la conquista, se produjera una destrucción deliberada de otras estructuras del poblado. Esta hipótesis, todavía pendiente de estudio y confirmación, permitiría analizar si la intervención romana fue más allá del asalto militar y buscó también romper los vínculos de la población local con su territorio. A ello se suma la presencia de una torre de vigilancia en la parte superior del asentamiento, que aporta nuevos elementos para estudiar las estrategias de control posteriores a la conquista.
Los legionarios componían una fuerza bélica contra la que casi todo estaba perdido de antemano. A la estrategia propia de las falanges romanas —masas compactas, rectangulares y rígidas de infantería pesada que luchaban con muro de escudos— se une una formación física que les permitía, por ejemplo, hacer el camino entre el campamento romano de Legio y la Ercina en tan sólo dos o tres jornadas, cada una de las cuales de alrededor de 60 kilómetros. Lo hacían a través de los valles del Porma y el Curueño y en cada parada levantaban un campamento de campaña, método que revela la sofisticación del avituallamiento y la impedimenta con que cargaban.
El descubrimiento despeja una incógnita que hasta ahora había perseguido a los investigadores. La dinámica de las guerras cántabras se conoce desde hace más de 30 años en Cantabria, en Asturias y en Palencia, a través del yacimieto de Perlata. Sin embargo, había un vacío en la provincia que impedía dibujar cómo se había realizado la conquista en la vertiente leonesa. A partir de ahora, y una vez se gestionen todos los hallazgos de esta campaña, el proyecto podrá enfocarse hacia el conocimiento de la mecha que puso en marcha la ordenación del territorio y de la población que Roma hizo en el noroeste de lo que sería Hispania. El experto explica que se obligó a los pobladores a bajar al valle. Estos serían con el tiempo el germen de lo que a partir del siglo III se conformaría como Vadinia.
Ligas de la Edad del Hierro
Eduardo González Gómez Agüero revela que los pueblos de la Edad del Hierro tenían sus propias leyes y reglas. «Eran estados en sí mismos», subraya y afirma que entre los diferentes clanes había lo que se conoce como ligas, pactos para mantener la paz, regular el comercio y coordinar la defensa militar. Al no existir un Estado centralizado, Roma tuvo que conquistar castro a castro en una operación semejante a la que tuvo que realizar Gran Bretaña en África.
La intervención se enmarca en el proyecto Territorio y Patrimonio. Los pilares de un turismo cultural sostenible en el medio rural, integrado en el programa Interreg VI-A de Cooperación Transfronteriza España-Portugal, con financiación de la Junta de Castilla y León. Los trabajos también cuentan con el apoyo económico y material del Ayuntamiento de La Ercina.

Eduardo González Gómez de Agüero y Carlos Fernández, director del grupo de investigación Historia y Arqueología.

Trabajos en la Peña El Castro de La Ercina realizado en verano de 2026

Trabajos en la Peña El Castro de La Ercina realizado en verano de 2026

Presentación de los resultados de la campaña 2026 en la Peña del Castro en La Ercina

Presentación de los resultados de la campaña 2026 en la Peña del Castro en La Ercina

Presentación de los resultados de la campaña 2026 en la Peña del Castro en La Ercina

Presentación de los resultados de la campaña 2026 en la Peña del Castro en La Ercina

Presentación de los resultados de la campaña 2026 en la Peña del Castro en La Ercina

Presentación de los resultados de la campaña 2026 en la Peña del Castro en La Ercina

Presentación de los resultados de la campaña 2026 en la Peña del Castro en La Ercina

Presentación de los resultados de la campaña 2026 en la Peña del Castro en La Ercina

Presentación de los resultados de la campaña 2026 en la Peña del Castro en La Ercina
