Así se comía antiguamente en los pueblos de Picos de Europa: de la torta de borona a las desconocidas patatas asantas
Las mujeres de El Acebo han reunido los alimentos y utensilios con los que se organizaba el día en las casas del valle
Torta Borona
La cena podía ser un plato de sopas de ajo, unas patatas con leche o unas patatas asantas, preparadas con grasa. Antes habían llegado los arvejos de la comida, el bocao de pan y chorizo y la torta de borona del desayuno. En Posada de Valdeón, la Asociación de Mujeres El Acebo reunió esas comidas y los utensilios con los que se preparaban para recordar cómo se vivía alrededor de la mesa en el valle.
La muestra formó parte de la XXII Feria de los Picos. El Rincón de la Memoria, preparado por la asociación con la colaboración de los vecinos, ocupó un espacio dentro de la feria instalada en el patio de las escuelas y sus exteriores. Allí convivieron los recuerdos de las casas con los puestos de productos locales y artesanía. La comida se contó a través de sus ingredientes, pero también de las herramientas que habían pasado por las cocinas.
Sopa de ajo.
Del desayuno de borona a las patatas de la cena
La torta de borona abría la jornada. Elaborada con harina de maíz, pertenece a una familia de panes tradicionales del norte en la que el cereal da nombre al alimento. La borona puede llevar también harina de trigo y tiene distintas versiones según la zona. En la muestra de Valdeón se recuperó como comida del desayuno, hecha por la mañana.
A su lado estaban los utensilios del café: el molinillo, la puchera y la manga de tela que servía para colarlo. El desayuno empezaba antes de sentarse a la mesa, con el grano todavía por moler. La puchera y el filtro formaban parte de esa preparación doméstica que la asociación ha reconstruido junto a los alimentos.
A media mañana llegaba el bocao, pan con chorizo acompañado del porrón de vino. Una comida breve, que se podía llevar y comer sin necesidad de preparar otro plato. El pan volvía a aparecer unas horas después del desayuno, esta vez junto a uno de los productos más reconocibles de la matanza.
Para comer estaban los arvejos. Son guisantes que se consumen secos, como otras legumbres, y tienen una larga tradición en la montaña oriental leonesa. Su uso más conocido es el cocido.
Saco de arvejos.
El Inventario Español de los Conocimientos Tradicionales relativos a la Biodiversidad Agrícola documenta versiones con costillas, espinazo, chorizo, tocino, morcilla y otras piezas del cerdo, además de pan y berza o colinabo. Su consumo estaba especialmente ligado al invierno, cuando esta legumbre formaba parte de los cocidos de la comarca.
Patatas asantas, sopas de ajo y el queso del valle
Las patatas regresaban a la mesa a la hora de cenar. Una de las preparaciones recordadas por las mujeres de El Acebo son las asantas: patatas con grasa. El nombre puede resultar desconocido fuera del valle, aunque detrás se encuentra una combinación sencilla, con la patata como base del plato. También se preparaban con leche. Junto a ellas, las sopas de ajo y los huevos fritos completaban las cenas evocadas en la muestra.
El queso de Valdeón aporta otro sabor a la despensa del territorio. Es un queso azul de gusto intenso, salado y picante, con una pasta que va del blanco marfil al crema según madura. Al cortarlo aparecen las cavidades y vetas azul verdosas que lo caracterizan.
Queso de Valdeón y la variedad de su exitosa crema de huntar. DL
Se elabora con leche de vaca o con las mezclas autorizadas con leche de oveja o cabra. Puede encontrarse entero, en porciones o batido. En esta última presentación se convierte en una crema untuosa, de consistencia cercana a la mantequilla, que conserva el aroma y el sabor del queso. Una forma diferente de llevar a la mesa uno de los productos que siguen identificando al valle.