Diario de León

Josep Maria Pou, actor: «La cultura tiene poder y hay políticos que intentan apagarla"

Josep Maria Pou protagoniza este jueves en el Auditorio la aclamada obra «Gigante», metiéndose en la piel del controvertido escritor Roald Dahl. Tras seis décadas de carrera, el veterano actor confiesa que solo textos imprescindibles y comprometidos con la sociedad logran retenerlo sobre los escenarios. Denuncia los bajos presupuestos en cultura.

María Martínez Peña
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León

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Hay actores que no sólo interpretan personajes, sino que habitan universos enteros sobre las tablas. Josep Maria Pou es uno de ellos. Mañana, el Auditorio Ciudad de León se viste de gala para acoger Gigante, la aclamada obra escrita por Mark Rosenblatt y dirigida por Josep Maria Mestres. En ella, el veterano intérprete catalán se pone en la piel del célebre y controvertido escritor Roald Dahl en un ejercicio teatral deslumbrante, cargado de aristas y sin espacio para la censura. Horas antes de enfrentarse a la mirada del público leonés, hablamos con una de las voces más autorizadas y respetadas del teatro español sobre el peso de las palabras, la complejidad humana y la inagotable pasión por la escena.

— Después de tantas décadas sobre los escenarios, ¿qué le sigue despertando la ilusión de enfrentarse a un nuevo personaje?

— Después de tantos papeles y tantas funciones, son 60 años ya sobre el escenario. Tras mis cinco últimas funciones, es decir, los últimos 9 años, llevo diciendo después de cada función que me retiro, que esa es la última y que no más. Pero siempre, cuando ya estoy descansando, aparece, como caída del cielo, una función que considero imprescindible hacerla. Eso es lo que me mueve a estar en un escenario. Cuando me llega un texto que va mucho más allá de un personaje, una función, es decir, una historia que en mi profesión de actor y también como un ciudadano comprometido con su sociedad, creo necesario que esa función sea conocida por el público en ese momento porque sé que va a servirle para algo, que va a clarificarle. Eso es lo que me lleva a participar en un espectáculo nuevo. Siempre que sea una función que yo crea que el público en aquel momento le va a servir, le va a ser útil, que es necesario que la vea. En este caso concreto de Gigante, aparece un personaje que es maravilloso, un personaje que es un reto para cualquier actor, porque es un personaje controvertido, de carácter muy difícil, que cambia de opinión cada 5 minutos y de estado de ánimo y eso también es un reto para seguir estando en escena. Lo que más me atrajo sobre todo es que plantea a lo largo de la función un debate que está en la opinión pública desde hace muchísimos años y y que nunca nadie le ha encontrado solución. Me di cuenta enseguida de que aquella función había que hacerla corriendo. Es una función que pone encima del escenario el enorme y eterno debate de la actuación del Estado de Israel con respecto a los palestinos y a sus pueblos vecinos.

— Usted quería dedicarse al periodismo radiofónico antes de la interpretación, ¿qué cree que se conserva de aquel periodista que quiso ser?

— Sí, fue mi primera vocación, cuando yo tenía 16, 17 años, que es la edad en la que uno empieza más o menos a pensar o a proyectarse en el futuro, yo tenía claro que quería ser periodista. Me gustaba mucho escribir también, pero lo que más me atraía en aquel momento era contar historias de viva voz. Yo era un loco enamorado, me pasaba horas escuchando la radio.

— Ha defendido públicamente que la cultura debe tener una mayor presencia en la sociedad y en las prioridades políticas, ¿cree que nuestros responsables políticos comprenden realmente el valor de la cultura o siguen considerándola algo secundario?

—No, no, no, yo creo que son muy conscientes, cualquier político de cualquier signo, de cualquier color, sabe perfectamente el enorme valor y el enorme poder que tiene la cultura. Por eso, precisamente, porque lo saben muy bien, algunos, según su ideología, intentan no cuidarla y apartarla y que no tenga demasiada presencia y otros sí se preocupan de que el ciudadano pueda enriquecerse a través de la cultura. La cultura está y cada cada político la utiliza según sus conveniencias. Pero aún así, la cultura es capaz de sobrevivir, porque en definitiva, cuando hablamos de cultura es una cosa muy genérica. ¿Qué es la cultura? No es solamente leer libros, ir al cine, ir al teatro, ver exposiciones, acudir a museos. La cultura son muchas cosas más, la cultura es lo que hablamos entre nosotros cuando estamos tomando una caña en un bar. Es decir, que hay una parte de la cultura que no necesita de un presupuesto económico exacto para expandirse y estar presente. Pero sí es verdad que necesita un apoyo, una manera de estar ahí presente y por desgracia, sigue siendo la la hermana pobre de todos los presupuestos.

— ¿Qué tiene León para que un actor quiera regresar?

—Debo decir que con León también tengo una relación, no digo que especial, pero que que me produce un cierto cosquilleo en el estómago. Voy a caer en el tópico más grande del mundo y te pido de entrada que me disculpes, pero lo primero que yo haré pasado mañana cuando me levante es ir corriendo a la catedral de León. Yo he vivido dentro de la catedral de León unas experiencias sensoriales que busco que se repitan cada vez que acudo a la ciudad. Además, León fue la primera ciudad en la que yo actué cuando se abrió la veda, digamos, de la pandemia. Cuando se permitió abrir los teatros, aún con algunas butacas clausuradas, con un límite de espectadores que debían llevar las mascarillas.

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