Diario de León

LITERATURA LEONESA

Road movie rural por los montes de León

‘La piedad’ (Seix Barral) es la primera novela de Jorge Begega en la que ha apostado por «una historia cien por cien leonesa», como tributo a Viñayo, su pueblo

Jorge Begega, guionista, madrileño, leonés de origen y sentimiento, da el salto a la novela con ‘La piedad’ (Seix Barral).

Jorge Begega, guionista, madrileño, leonés de origen y sentimiento, da el salto a la novela con ‘La piedad’ (Seix Barral).inés pintor

Pacho Rodríguez
León

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Dice Jorge Begega, guionista y ahora novelista: «Nací en Madrid, pero León es mi tierra. Viñayo, en concreto. Cuando me preguntan que de dónde soy digo que de León». Y lo cierto es que su padre es de Viñayo. Viene a cuento este origen porque su primera novela, La piedad (Seix Barral), es una historia que discurre en los Montes de León, que se inspira en la tierra y sus gentes y que ya de entrada para el autor «es una novela muy leonesa, y siempre he tenido como esta cosa de estar lejos. Pero sí, para mí la novela funciona como, es una manera un poco cursi decirlo, un homenaje emocional a unas raíces, no sé si elegidas. Toda mi familia vive allí, mi padre vive allí», comienza explicando esta devoción que hace que frecuente su pueblo y que hasta haya parte de la novela escrita in situ en Viñayo. La piedad se presenta hoy jueves en Librería Sputnik a las 19.30 horas. Y es una historia de encrucijadas y decisiones, tomadas y por tomar, en una especie de road movie por la montaña leonesa protagonizada por Ramiro, un joven de 18 años, y otros personajes marginales que afrontan situaciones personales y comunes.

A Ramiro se le plantea una oportunidad: marcharse a Madrid para estudiar en la universidad y dejar atrás la vida en su pueblo. «Esa referencia a la España vaciada no quería que se refiriera sólo a los que se quedaron por obligación», advierte el autor. Pero en este caso quedan su padre y su tío Amador, un hombre con discapacidad al que siempre ha cuidado como a un hermano mayor. Cuando Piedad, la prostituta de la que Amador está enamorado, desaparece sin dejar rastro, Ramiro emprende con su tío un viaje por los montes de León para encontrarla. Así surge ese viaje, por carreteras secundarias, bares de pueblo y paisajes que parecen no cambiar nunca. Y resultan ese León reconocible que a Jorge Begega le fascina desde pequeño. «Siempre me ha gustado estar en el pueblo con mi padre y sentarme a escuchar lo que cuentan los de allí. Es parecido a lo que se considera un filandón», explica.

Y así La piedad toma forma de lo que sin normas ni estatutos pertenece a esa literatura de aquí, o que se identifica en muchos aspectods. Para Begega, además, todo un honor. «Cuando me preguntaban en la editorial que quién me gustaría que leyera la novela yo les decía que Luis Mateo, Julio Llamazares...», confiesa a la búsqueda de esa complicidad.

Más complicidad de hecho encuentra con esta tierra incluso con este periódico: «Diario de León sale porque hay referencias al periódico, a noticias... Y hay referencias a la Cultu y más cosas leonesas. Para mí ha sido muy importante mantener esto que hablábamos de la oralidad, el acento, las palabras, palabras que ya no se utilizan allí. Entonces yo de repente utilizo palabras como los más viejos de mi pueblo. La novela es 100% leonesa, vamos», asegura.

Jorge Begega nació en 1989. Es licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid y máster en Guion Audiovisual por la Universidad de Navarra. Desde 2014 trabaja como guionista de televisión. Ha desarrollado proyectos para distintas productoras y sus guiones han sido seleccionados en varios laboratorios y festivales. La piedad es su primera novela. Ese es el relato breve de su vida, pero esta incursión en la novela supone un paso adelante tanto en su faceta de escritor como en la vital. Y ahí es donde se cruzan sus caminos literarios y leoneses. «Hasta que no he sido adulto no he sido tan consciente de ese lado leonés. Pero soy socio de la Cultural desde que nací. Y fundador de la primera peña de la Cultural fuera de León», desvela.

Ese realismo tiene su parte mágica, por lo que conectaría también con esa figura literaria que, por ejemplo, de manera genial ha desarrollado Luis Mteo Díez en Celama. «Hay esa construcción imaginaria, por así decirlo, pero que bebe de todas las cosas que he visto y aprendido. De todas las cosas que conozco yo. Y, por ejemplo, se hacen referencias a pueblos que son reales, pero hay pueblos que yo me he inventado. Me he inventado pueblos que son juegos de palabras. Es tradición de novela y es tradición muy leonesa. Porque Julio Llamazares también lo ha hecho, Luis Mateo, Merino... Como Colinas en la poesía, que juegan un montón a lugares que ellos conocen».

estar en viñayo

Ese estar en Viñayo, además de uno de sus placeres, ha resultado una fuente argumental de primer orden. «Igual que las anécdotas, igual que las historias, a lo mejor he cambiado alguna cosa, pero todo tiene que ver con cosas que me han contado, con cosas que ya sé, con historias que he escuchado en el bar... Me ha encantado siempre sentarme con mi padre y sus amigos a escuchar las historias, a escuchar las cosas de la mina, de hablar de personajes que están en la memoria de todo el mundo, pero que a lo mejor mi generación no ha conocido. Entonces para mí eso era súper importante, porque bueno, no lo sé si es una cosa de León o de la montaña o de qué, pero a mí me parece que tiene que ver con la tradición del filandón o del calecho», reflexiona.

Sea como fuere, para un guionista, escribir como una liberación: «Ha sido como un proceso liberador, porque al final yo soy guionista de televisión y el guion es un formato siempre encorsetado. Por el formato, porque tienes que escribir en tantas páginas, porque cada página es un minuto, porque todo vale muchísimo dinero, porque hay que ver si hay que producir o no hay que producir, por cuestiones de dinero, por cuestiones editoriales, y en este sentido fue escribir para mi. Yo empecé a escribirla en los talleres de un escritor que se llama Juan Gómez Bárcena y prácticamente la terminé y el proceso de edición luego con Seix Barral ha sido maravilloso porque digamos más ha sido una conversación de lo que era importante para mí o no. No ha sido tanto una cosa de quitar o poner, ha sido más una cosa de: mantenemos esta frase aunque pueda sonar de esta manera, y digo bueno, es que para mí es muy importante el ritmo oral...», va relatando como una sucesión de hechos afortunados en los que escribir fue reecontrarse consigo mismo, con Viñayo, con León, con un personaje que de repente lee este periódico.

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