Manuel Vicent aborda en su nueva novela los límites del amor
Al escritor Manuel Vicent siempre le ha interesado investigar los límites de la pasión y ahora en su nueva novela Cuerpos sucesivos narra la historia de una dura pasión amorosa, en la que amor y dolor caminan juntos, que hará resucitar a su protagonista cuando está a punto de rendirse. «El amor es un caudal inagotable, no sé dónde se dice que el corazón da siete vuelcos al día; pues de todos ellos, la mayoría se deben al amor, por eso es un caudal inagotable y por eso me interesa tanto», reconoce Manuel Vicent (Castellón, 1936). El verso de Cernuda: «El amor es lo eterno y no lo amado» cruza constantemente las páginas de Cuerpos sucesivos, de Vicent, quien asegura que lo ha concebido como un fluido, como un río que pasa por muchos cuerpos. «El amor es eso, un fluido y este libro es un fragmento de ese río», precisa el escritor. «Cuando uno ha amado de verdad y por lo que sea pierde a la persona amada, no desaparece ese amor, está dentro de ti y se incorpora en los otros encuentros que tengas. El amor nunca se acaba de perder, el amor continúa y tú estás dentro de ese torrente». Cuerpos sucesivos cuenta la historia de un profesor de literatura en declive que se enamora de una violonchelista que quiere abandonar una peligrosa relación con un pianista búlgaro. Ambos recuentan su pasado y ambos resucitarán por un sentimiento amoroso que envuelven en palabras como si fuera «un lenitivo, como una especie de bálsamo para sus heridas». «Porque la imaginación potencia el amor, el sexo sin misterio, sin palabras, no es nada, solo un acto físico. Es la cultura, el arte, esa espiritualización lo que da sentido», precisa el autor. Sangre, navaja, lobo, deseo, vampiro, éxtasis, misticismo son algunos de los términos simbólicos de este libro que da cuenta de la difícil cuerda por la que caminan los protagonistas.