Anécdotas de un maestro en el arte de la brevedad
Inevitablemente, Monterroso tuvo que cargar con la fama y las anécdotas sobre su genialidad. Una refiere el momento en que un amigo le presenta a una señora. «¿Qué le parece el cuento de El dinosaurio», pregunta el amigo a su acompañante. «Pues ese es uno de los que más me gustan, pero apenas voy por la mitad». En otra ocasión, una adolescente que aseguró saberse el cuento de memoria, al recitarlo frente a su autor, dijo: «Cuando despertó, el dinosaurio ya se había ido». De las siete palabras del cuento nacieron miles y largos ensayos y la prensa aprovechó al animal prehistórico para referirse a la derrota del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en julio de año 2000, después de 72 años de régimen. «Ya sé que los periodistas también lo usan», decía, resignado, el escritor. Mario Vargas Llosa dijo que se trata de un cuento con misterio, intriga y suspenso, y el italiano Italo Calvino agregó: «Yo quisiera preparar una colección de cuentos de una sola frase, o de una sola línea, si fuera posible. Pero hasta ahora no encontré ninguno que supere el del escritor guatemalteco Augusto Monterroso». Su prosa fue sencilla, concisa y tocó la fábula, la parodia, la caricatura, la ironía y el humor, negro. Pájaros de Hispanoamérica fue su última obra publicada, pero quedaron otras en cartera, algunas sobre su adolescencia, porque Monterroso escribía rápido pero publicada lentamente. Digería con calma los textos porque el tiempo, según pensaba, obliga a veces a cambiar las cosas. Los «pajaros» agrupa impresiones y vivencias sobre literatos a los que conoció: Ernesto Cardenal, Miguel Ángel Asturias, Bryce Echenique, José Donoso, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Ernesto Sábato, Julio Cortázar o Juan Carlos Onetti. «No pretenden ser retratos. Son comentarios que se me ocurren sobre la persona».