El autor guatemalteco, premio Príncipe de Asturias de las Letras, falleció de un paro cardíaco
El escritor Augusto Monterroso muere en México a los 81 años

El escritor guatemalteco Augusto Monterroso (Tegucigalpa, Honduras, 1921) falleció el viernes en su lugar de residencia, México, de un paro cardíaco, según confirmaron fuentes familiares. Había nacido en Honduras, pero se consideraba de Guatemala, país del que salió en 1944 por razones políticas, exiliándose en México. Sus restos serán inhumados mañana domingo en el panteón español de la ciudad mexicana. Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2000 y eterno aspirante al premio Cervantes, era autor del cuento más breve de la historia de la literatura: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí». Monterroso solía ironizar sobre esta relato, paradigma del minimalismo y récord Guinness, porque «a pesar de que consta de siete palabras, nadie lo cita bien; o le quitan o le añaden, pero pocos atinan a decirlo con exactitud». Incluso pensó escribir otro cuento sobre las citas fallidas y los ilustres autores y editores que marraron al tratar de recordarlo de memoria (Carlos Fuentes, Vargas Llosa, Juan Cruz y Gabriel García Márquez, entre otros). Casado tres veces y padre de dos hijas, se consideraba un escritor sin género. «No sé», era su respuesta más frecuente a las mil y una preguntas a las que le sometían los periodistas. Concebía la literatura como un juego -un juego que podía llevar dinamita dentro-, y ese lacónico «no sé» resumía muy bien su postura ante la vida y ante la literatura. Decía que su máxima aspiración era convertirse en un clásico, así «todo el mundo hablaría de mí y nadie me leería». Humor corrosivo Secretario de Pablo Neruda durante su estancia en Chile y aficionado a impartir talleres literarios, la obra de Monterroso -alimentada de sorprendente fantasía y salpimentada de un humor corrosivo- es tan variada como inclasificable. En su baúl literario hay relatos, ensayos, reflexiones, aforismos, dibujos de insectos que acompañan a los textos, etcétera. Nunca escribió una novela. Ni se arrepintió. «En el cuento expreso lo que quiero, y a veces intuyo que me sobran palabras». También fue fiel a su vieja pluma estilográfica. «La era del ordenador está echando a perder la literatura; es tan fácil teclear que la gente escribe sin reflexionar; los mejores aforismos se escribieron en la Edad de Piedra, porque para cincelar una frase se tardaba, a lo mejor, tres años, y daba mucho tiempo para pensarla». Sólo había cursado estudios primarios y se mantuvo inédito casi hasta los cuarenta años. Su primer texto publicado data de 1952 y lo tituló El concierto y la elipse. Luego llegarían, entre los más representativos, Uno de cada tres y el centenario (1954), Obras completas y otros cuentos (1966), La oveja negra y demás fábulas (1969), Movimiento perpétuo (1972), Lo demás es silencio (1978), La palabra mágica (1983), La letra e (1998) o La vaca (1999). En su vertiente menos humorística destacan sus trabajos sobre Jorge Luis Borges y el Ulysses, de James Joyce. También ha reflexionado -siempre con depurada brevedad- acerca de otros grandes nombres de la literatura, como Cervantes, Juan Carlos Onetti, Virginia Woolf, Tomás Moro o Leon Tolstoi. Maestro de la parodia y la paradoja, Monterroso estaba en posesión de numeros premios y reconocimientos, como el premio Villarrutia (1975), premio Nacional de Literatura (1997) y premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, también concedidos ese mismo año. Fue doctor Honoris Causa por la Universidad de San Carlos de Guatemala y miembro de la Orden Miguel Angel Asturias. Hace dos años recibió el doctorado «honoris causa» de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán.