Tomatito sedujo anoche al público leonés con su particular visión del flamenco
El duende de una guitarra
¿Qué se puede decir de un guitarrista legendario como Tomatito, continuador de una saga que forma parte viva de la historia más pura del flamenco? Realmente poco y también mucho. Poco en cuanto a que no vamos a descubrir nada nuevo de su estilo depurado, de su instrumentación moderna en la que los estribillos se repiten de continuo muy propios de todos los guitarristas de casta. Poco en cuanto que los temas son principalmente tonales -no modales, como suele ser habitual en el flamenco-. Mucho porque escuchando sus tangos podemos ver a un Tomatito muy introvertido, más recogido en sí mismo, olvidando casi por completo sus raíces flamencas y dejándose llevar por ese ritmo lento y melodioso. Porque cuando arranca por alegrías y es coreado por las voces de su grupo, nos deviene a ese otro maestro de maestros que fue Camarón, su mentor y amigo. Lo que hace grande a Tomatito, lo que realmente le convierte en un artista único es su inspiración, esa facilidad para adentrarse sin red por los vericuetos de los sentimientos y conseguir la más absoluta fusión de música, poesía y arte. Lo que le otorga esa capacidad de asombro ante públicos poco avisados en este arte es su facilidad para entregarse a corazón abierto a toda clase de ritmos con el mismo virtuosismo con el que toca su guitarra hasta conseguir trasportarnos a un terreno que bordea la ensoñación, arropado por ese Potito que, con su voz desgarrada, nos bambolea entre lo onírico y lo real, hasta convertir, a fuerza de hondura y golpe de guitarra, la noche en caramelo. Su toque, su rasgueo lamentoso es un alarde de técnica de picados, arpegios y cortes demoledores, para brindar a quien lo sabe saborear una música ahíta de sonidos que no nos permiten un segundo de respiro. Muy trabajado la solea, bien compuesta y bien ambientada. El empaste instrumental alcanza grados de perfección, la atmósfera creada en el tema hace que no tenga nada que envidiar a otras obras similares. Todo fuego y arte, guitarrista cabal, virtuoso e inspirado, Tomatito vino a León con un espectáculo fascinante y dejó la magia de su arte. El concierto fue un éxito total, pese a que algún colectivo llegó tarde y, tras permitírsele pasar al vestíbulo para que siguiera la actuación por monitores, protestaron y quisieron irrumpir en la sala. Al entrar algunos de ellos, el resto exigió también acceder, por lo que hubo que llamar a la fuerza pública para calmar ánimos. La policía tomó sus nombres, después de que manifestaran su intención de protestar al Ayuntamiento.