Diario de León

La Sinfónica de Castilla y León cautivó anoche al Auditorio con Mendelssohn

Viajando a los abismos del alma

Publicado por
Miguel Ángel Nepomuceno - LEÓN.
León

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No suele ser habitual encontrar en los programas de conciertos obras como La primera noche de Walpurgis, de Mendelssohn, que anoche ofreció la Orquesta de Castilla y León, a las órdenes de Salvador Mas, con la participación de la mezzosoprano Lola Casariego, el tenor Francisco Vas Ruiz y el barítono Joseph Miquel Ramón, tres excelentes voces para un reparto que se centra en una suerte de escenas sucesivas donde los coros arropan las intervenciones de los solistas formando un tejido sonoro que tiene mucho de común en su estructura con un oratorio. Tras una breve obertura dividida en dos partes: Allegro con fuoco y Allegro vivace entró la potente voz del tenor, que tuvo su respuesta en el coro de forma precisa y empastada, para dejar paso al canto de la mezzo, en este caso en la persona de Lola Casariego, de la que ya tuvimos hace escasos meses en el mismo escenario una prueba de sus excelentes cualidades como cantante y actriz. De las nueve partes de las que consta La primera noche de Walpurgis, la mezzosoprano es la que menor participación tiene, aunque no por eso su partichela carece de intensidad dramática y fuerza expresiva. Si a ello unimos la espléndida dicción y poder de comunicación de la mezzosoprano asturiana, entonces podemos hacernos una idea de la intensidad interpretativa que alcanzó en algunos momentos esta singular obra. El tenor Francisco Ruiz desplegó igualmente todas sus excelencias canoras, especialmente en el número 8, cuando cantó Hilf, ach hilf mir, Kriegsgeselle, con voz rotunda, afinada y potente. Joseph Miquel Ramón ha sido siempre un barítono de especiales dotes y excelente formación canora, lo que redundó en la forma de abordar cada una de los tres números de los que constó su intervención. Voz profunda, impostada, de timbre cálido y considerable volumen, el barítono valenciano cuajó una excelente interpretación, a la que el coro de la Comunidad de Madrid arropó con precisión y seguridad. Salvador Mas logró de la orquesta una correcta lectura, en todo momento atenta, flexible y en algunos instantes brillante. La lectura que hizo de la Sinfonía Inacabada, de Schubert, no tuvo la poesía requerida, pero fue expresiva y bien articulada. A destacar la cuerda, con acentos muy bien contrastados, y el viento. Un punto de vivacidad en los tempi hubiera dado otra dimensión más compacta y emotiva a esta sinfonía. El vals del Emperador, con el que se cerró el programa, un toque frívolo en la velada. El aforo, penoso; pese al gran concierto y los precios.

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