El acuarelista F.J. Castro expone en la sala de arte Bernesga
Hechizo veneciano
F.J. Castro posa al lado de una de las obras que se exponen en la sala de arte Bernesga
El pintor F. J. Castro, nació en las califales tierras de Córdoba, pero desde muy pequeño vive en Madrid, por lo que se considera un madrileño más. F. J. Castro es acuarelista consumado, poseedor de una técnica exquisita que le permite expresarse plásticamente con una envidiable sencillez. Dice el artista que comenzó a pintar a los doce años, ahora tiene treinta y dos. «Desde niño me he dedicado de cuerpo y alma a la pintura. Siendo muy pequeño comencé ya a asistir a academias particulares, después estudie en Bellas Artes... ha sido un aprendizaje muy largo y siempre enfocado a la acuarela, que es mi modo de expresión preferido, aunque también pinto con óleo, acrílicos y técnicas mixtas. Pintar acuarelas me relaja, casi me divierte, me hace sentir muy agusto, por ello dedico a ella la mayor parte de mi tiempo». Así como los musulmanes deben visitar La Meca por lo menos una vez en su vida, cualquier acuarelista que se precie debe conocer Italia y debe perderse por los canales venecianos acompañado de sus útiles de trabajo. F. J. Castro ha realizado recientemente su viaje a Italia. «Quería conocer -dice- la cuna del arte, creo que ese viaje se convierte en un aprendizaje imprescindible». Hablando de Venecia se muestra el pintor entusiasmado con «la luz, los reflejos del agua, los atardeceres brumosos, la incomparable belleza de sus canales y sus monumentos. Creo que la acuarela es la más apropiada para captar las múltiples facetas de la luz. Insisto, todo acuarelista tiene una cita inevitable con Venecia y con Italia». Rincones originales Parece milagroso que los pintores encuentres rincones originales, sean capaces de descubrir continuamente distintos contrastes de luces y sombras, pero as¡ es. Contemplando las visiones venecianas de F. J. Castro se dir¡a que ha inventado una nueva Venecia llena de belleza. Pero quizá donde mejor demuestra el artista su maestría, su técnica depurada, es en sus bodegones. Pinturas de perfecta composición, creadas a base de delicadas manchar de color, casi monocromáticas, pero llenas de encanto, de sensibilidad y de modernidad. Son estos bodegones un auténtico ejercicio de auténtica pintura, de pintura con mayúsculas que nos dice claramente que detrás hay un gran artista. F. J. Castro, como otros muchos pintores figurativos se muestra abierto en sus gustos y asegura que «la abstracción me gusta mucho, incluso creo que en algunos de mis paisajes la rozo, pero no me atrevo a perder de vista la realidad». Efectivamente, en alguno de sus paisajes, hay algo más que rincones venecianos en estas exposición, el pintor interpreta su obra con plena libertad, jugando una fuerte apuesta por el color en detrimento de la forma que se difumina y se esconde.