La popular escultura de Amancio González está muy deteriorada
Otra negrilla que muere
La «Vieja negrilla», la singular escultura de Amancio González que reposa en la plaza de Santo Domingo desde hace varios años, se desmorona poco a poco.

La popular escultura de Santo Domingo contempla estos días el paso de las procesiones
La Vieja negrilla asistió impasible estos días, como cada Semana Santa, al paso de los desfiles procesionales. Pero su figura se deteriora poco a poco. Las inclemencias del tiempo, las polución del tráfico y el cariño de los niños, que juegan con ella con su despreocupada, alegre e incontenible vitalidad, (con él, porque la negrilla, como bien puede apreciarse, es varón cumplidamente dotado) hacen que poco a poco se pierdan su pátina y sus contornos se erosionen. Nos consta que el autor contempla complacido la nueva realidad de su creación. Al escultor le gusta el giro que la intemperie está imprimiendo la monumental obra, pero algún día, sino queremos verla desaparecer llevada por las aguas de cualquier primavera venidera, habrá que poner fin a su inexorable deterioro. La Vieja negrilla fue proyectada para el Parque Escultórico de Trobajo del Cerecedo (1997) y después, primero de forma provisional y al final de forma permanente, se quedó como elemento distintivo de la plaza más emblemática de la ciudad, de donde sería imposible quitarla ya sin que los leoneses sintieran como se perdía un icono importante, una imagen que lo es ya por derecho propio de la capital del Viejo Reino. Búsqueda de soluciones La solución, parece claro, no es su restauración, la reparación de los desperfectos causados por el cúmulo de agresiones que sufre cada día. La solución sería devolver la escultura a su lugar de origen dejándola como está, si así lo quiere el autor, que para algo es el padre de La Negrilla, y fundir en bronce una réplica que permanezca para siempre en esta amplia acera para asombro de los visitantes, regocijo de los ciudadanos y diversión de los niños, que seguirán jugando, que continuarán trepando irreverentemente a sus espaldas pase lo que pase. Se ha hecho recientemente con otros grupos escultóricos, como el dedicado al muy querido y admirado Odón Alonso, y creemos que en este caso, artísticamente hablando, la fundición estaría mucho más justificada. Mientras los munícipes lo meditan, la Vieja negrilla, seguirá mirando indolente el paso apresurado de los coches, cerrando los ojos y disfrutando mientras escucha las risas de los niños danzando sobre sus espaldas, y contemplado, no sin cierto asombro, como cada primavera, cuando el sol evapora las rigurosas escarchas del invierno leonés, entre el clamor de clarines, tambores y timbales, pasan a su lado cortejos de penitentes, de engalanados padres de la iglesia y de devotas mujeres con velas encendidas en la mano. Habrá que hacer algo para que todo siga igual.