La Orquesta Sinfónica de Estocolmo, con el violinista Thomas Zehetmat
Inextinguible Nielsen

La Orquesta Sinfónica de Estocolmo
Un espectacular programa, (20 y 15 euros), servido por una de las orquestas más sólidas y compactas del mundo, la Sinfónica de Estocolmo con Alan Gilbert en el podio, junto a un solista de la talla del violinista Thomas Zehetmat, colocan hoy el listón de las actuaciones de la presente temporada en el Auditorio en uno de sus escalafones más altos, no sólo por la categoría de sus intérpretes sino por la calidad del programa elegido para su debut hoy en León. Los Cantos de pleamar para orquesta de cuerdas de Antón García Abril, con motivo de su setenta cumpleaños, el Concierto para violín y orquesta nº1 de Prokofiev y la hermosísima Sinfonía nº4, Inextinguible de Carl Nielsen, una de las obras cumbres de todo el sinfonismo del siglo XX, conforman un programa para todos los gustos, estéticas y tendencias. Nielsen No es frecuente, es más es rarísimo encontrar en las programaciones de los auditorios y salas de conciertos obras del escandinavo Carl Nielsen, si exceptuamos al joven director madrileño Pedro Halffter quien desde hace dos años la incluye con cierta frecuencia en sus repertorios. Una obra que ya en su enunciado indica la voluntad del compositor de que aquello que vamos a escuchar entra dentro de algo eterno y permanente. Naturalmente Nielsen se refería a los sonidos cuando decía «la música es vida y, como ella, inextinguible». Cuando comenzó a trabajar en ella a principios de 1914 no imaginaba que unos meses después el estallido de la primera guerra mundial iba a suponer para él un schok al que a duras penas se repondría. «Esta obra, diría, es una especie de sinfonía en un movimiento (la obra tiene cuatro partes encadenas, Allegro, poco allegretto, Paco adagio quasi andante y allegro finale) que tiene la ambición de representar todo lo que sentimos y pensamos a propósito de la vida, es decir, de todo lo que tiene de voluntad de vivir y de obrar. Todo puede ser comprendido en este concepto y la música es representación de la vida». Esta convicción del compositor de que la voluntad de vivir nunca se extinguirá , de que la «inextinguible» naturaleza sobrevivirá incluso a toda catástrofe del universo, no puede explicarse fuera del contexto histórico de la Quinta Sinfonía, que es como la cruz de esta afirmación. En ella Nielsen si muestra los devastadores efectos de la primera guerra mundial y los acordes de esa quinta, no son más que lamentos de un alma atribulada y llena de pesimismo. Convicción Pero afortunadamente el sol vuelve a salir cada mañana para quienes tienen esa firme convicción de que algo superior dirige los destinos del Universo, algo que esta cuarta sinfonía lo deja patente hasta las últimas consecuencias. La obra consta de un solo movimiento con cuatro partes encadenadas, y un solo centro tonal ( mi mayor), con continuos pasos de un ambiente a otro sin producirse rupturas. La composición de la orquesta está marcada como: las maderas a tres, cuatro trompas, tres trompetas, tres trombones, una tuba, timbales, colocados en los extremos opuestos de la orquesta con el fin de ejecutar peligrosos glisandi en fortissimo, y la cuerda. La duración aproximada entre 37 a 39 minutos.