Diario de León

El jurado destaca que, pese a su juventud, el artista es uno de los máximos exponentes de la pintura europea

Barceló, Príncipe de Asturias de las Artes

El compositor berciano Cristóbal Halffter queda en segundo lugar en las votaciones

El pintor Miquel Barceló, galardonado ayer con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2003

El pintor Miquel Barceló, galardonado ayer con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2003

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Ángel Fabián - oviedo
León

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El pintor mallorquín Miquel Barceló fue galardonado ayer en Oviedo con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2003, según el acuerdo adoptado «por mayoría» por un jurado que estuvo presidido por José Lladó y que le considera «en su juventud, uno de los nombres máximos de la pintura europea contemporánea». A este galardón concurrieron un total de 43 candidaturas procedentes de 15 países. El jurado resalta en la concesión del premio que Barceló «desde su revelación en la Bienal de Sao Paulo de 1981, confirmada en la Documenta de Kassel de 1982, este gran creador plástico entronca con la mejor tradición española y, a partir de la naturaleza, vive consagrado a su obra, no sólo pictórica, sino también escultórica y cerámica». Añade el acta que «en él se refleja, a través de un prisma mediterráneo, la proximidad a la realidad vital». Miquel Barceló nació en la localidad mallorquina de Felanitx en el año 1957 y está considerado desde su juventud como uno de los grandes artistas de nuestro tiempo, poseedor de un lenguaje pictórico de gran originalidad, al tiempo que es un excepcional creador en todas las variantes de las artes plásticas. Plenamente enraizado en la tradición pictórica mediterránea, fue a través de su madre, pintora del paisaje mallorquín, como tuvo un temprano contacto con esta expresión artística. Fue ya en 1974 cuando realizó su primera exposición individual en la Galería d'Art Picarol, en Cala d'Or, en Mallorca. Se trataba de una serie de dibujos con moluscos e insectos sobre papel impreso. La materia, protagonista A mediados de la década de los 70 se fue a vivir a Barcelona, donde realizó un tipo de pintura en la que la materia, dispuesta en gruesas capas, es la protagonista. Su consagración internacional llegó en 1982 con su participación en Documenta VII de Kassel. Su pintura de esa época destaca por un expresionismo personal y recurre a temas como los bodegones, las bibliotecas y los autorretratos, experimentando con pigmentos y nuevas técnicas e incorporando objetos orgánicos e inorgánicos a sus lienzos. Miquel Barceló es un gran viajero. Vivió además de en Barcelona y Mallorca, en París y Mali. Durante sus estancias en África alcanza una gran importancia la obra sobre papel que organiza en series, cuadernos y dietarios, en los que el pintor anota sus impresiones y dibuja lo que le rodea. Ensaya con pigmentos y tierras locales y su pintura se va despojando progresivamente de la saturación de elementos para convertirse en gigantescos lienzos blancos y desérticos. De modo paralelo, desarrolla una abundante obra escultórica y experimenta con la intervención de las termitas en su obra sobre papel, siempre preocupado por los aspectos transitorios de la materia, por la «organicidad» y la temporalidad. Pero su obra no se limita a la pintura y la escultura, sino que su fuerza creativa le ha permitido desarrollar una obra que abarca desde las grandes telas, decorados para ópera, murales y grabados hasta esculturas de terracota y cerámica que constituyen una buena parte de su producción más reciente. También ha creado un nuevo referente de la ilustración artística. El compositor berciano Cristóbal Halffter, que también optaba a la concesión del premio, quedó segundo en la votación del jurado; mientras que Rafael Moneo, fue el tercer finalista. «La obra de Barceló es la de un gran creador plástico que entronca con la mejor tradición española» Jurado del Príncipe de Asturias

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