INTERFERENCIAS
Vivir en peligro
DESDE HACE algunas semanas, La Primera juega a transgredir esa norma tan endeble por la cual el prime time en una televisión generalista está para dar pasto y satisfacer a la mayor cantidad de audiencia posible. ¿Que la telebasura vende? Pues tomen telebasura y con pan se la coman. Por eso nos va tan mal y por eso comienzan a surgir voces que piden un golpe de timón. De ilusos es suponer que se dará, pero como soñar es gratis, soñemos. En todo caso El día que vivimos peligrosamente, la novedad de anteayer, intenta alejarse de lo que es costumbre en esa franja, aunque sin prescindir de elementos del agrado del público: riesgo, morbo, tensión, espectáculo... De un lícito aplastante. Presenta Melchor Miralles y la primera entrega aprovechó el tirón de Florentino Fernández para asegurarse un plus de simpatía, que El show de Flo funcionó bien. Se trataba de conocer las interioridades de la policía judicial en España. La primera parte mostró a la estrella de turno como testigo privilegiado de las numerosas acciones. En helicóptero sobre la ciudad, en coche a toda pastilla sobre el asfalto, metido en un grupo de choque. Original, lo que se dice original, no es, pero eficaz sin duda. Acto seguido, Miralles pulsa al invitado principal en el plató, y el programa concluye con un macrodebate (quizá demasiados participantes) en torno al tema. Otra cosa son las opiniones que ya se sabe que va en gustos. Obviamente nunca será Operación Triunfo ni Ana y los 7 en audiencias, pero conviene celebrar contenidos de este estilo ya que por algo se empieza. Que sea la cadena líder la que abandone senderos trillados, siempre es bien recibido.