Rivera Garza da voz a los débiles de la revolución mexicana
Durante el primer tercio del siglo XX México vivió un torbellino revolucionario crucial para su historia. Pero la vorágine revolucionaria se tragó para siempre la voz de los más débiles. Seres marginales como los perturbados recluidos en el manicomio más grande del país de los que sí quedaron testimonios. La escritora, profesora e historiadora Cristina Rivera Garza (Matamoros, 1964) les da voz ahora en un novela que ha constituido todo un éxito en su país, Nadie me verá llorar, que publica en España Tusquets. Rivera Garza, también ensayista, poeta y profesora en la Universidad Estatal de San Diego (California), ha querido novelar sobre un grupo humano que conocía bien, los enfermos mentales recluidos en La Castañeda, el Manicomio General de México, a los que dedicó una tesis doctoral para la que manejó infinitud de documentos. Una institución que funcionó entre 1910 y 1960, llamada a ser ejemplo de modernidad, pero sobre al que se tejió un tupida leyenda negra.