| Crónica | Festival Internacional de Órgano Catedral de León |
Un ejemplo a seguir

Un momento de la actuación de la Orquesta Sinfónica de Galicia
Es admirable cómo cada año el apoyo del público al Festival Internacional de Órgano Catedral de León es cada vez mayor y tanto las fuerzas vivas de la ciudad como los altos dignatarios eclesiásticos, caso del señor obispo, refrendan con su presencia, como sucedió el sábado pasado, un hecho cultural de primer orden del que todos debemos sentirnos orgullosos. Que cerca de tres mil personas de distinta edad, sexo y condición formen en perfecto orden y silencio ante las puertas de la Catedral durante más de cuarenta y cinco minutos esperando el acceso a las naves para asistir a un concierto de música clásica, es síntoma de que el Festival de Órgano continúa siendo para los leoneses un referente cultural ineludible y algo que el pueblo siente como inequívocamente suyo. No cabe duda de que la labor comenzada hace ahora dos décadas por el Festival está dando ya sus frutos y éste hecho debe incitarnos a la reflexión y a tenerlo muy en cuenta a la hora de establecer las prioridades culturales en León. Decía Ortega que «la rebelión de las masas había conseguido imponer su derecho a la vulgaridad y a la mediocridad», suplantando a las minorías privilegiadas por el nacimiento o el dinero por esas otras minorías autoexigentes que se caracterizaban por su brillantez y por su esfuerzo en un tiempo en el que los modelos los imponían las minorías sobresalientes y no los hombres vulgares como sucede ahora. La cultura del pelotazo, disfrazada y maquillada por los últimos éxitos televisivos, invita a una reflexión detenida del momento actual de nuestra cultura corroída hasta el tuétano por la vulgaridad más alarmante y a valorar en lo que vale el hecho de poder contar cada otoño con un evento cultural de la importancia como el que ahora acaba de abrir sus puertas. Cuando vemos y leemos sin sonrojo que los aullidos del último grupo de moda o los desafines de la cantante de turno son ensalzados y equiparados con los de el canto elaborado, la preparación exigente y el estudio sistemático que requiere muchos años de esfuerzo y sacrificio, no podemos por menos que revelarnos con sonrojo ante tanta injusticia y luchar para que esta falta de valores no termine por enterrar lo verdaderamente imperecedero que es la capacidad de discernir. El que luego podamos disfrutar de actuaciones como la del pasado sábado en la Catedral, donde miles de personas de diferentes edades se agolpaban para seguir con devoción un concierto del más alto nivel.. El Festival, como cada año, quiso homenajear esta vez a la Orquesta Sinfónica de Galicia por su presencia en él durante dos lustros consecutivos e hizo entrega a su concertino del emblema representativo del evento: un órgano de bronce con una dedicatoria, obra del arquitecto leonés Francisco Chamorro. El director Samuel Rubio dio comienzo el concierto con la obra de Vivaldi, Beatusvir , para coro, soprano, contralto y tenor, servida por el director Esteve Gascón Martorell, con buen estilo, tratando de sacar al coro las modulaciones apropiadas para este tipo de salmo. La Misa en Sol Mayor D.167 de Schuberttuvo entre el público una excelente acogida. Destacó especialmente el Gloria, donde la soprano tuvo una destacada intervención, pese a tener una voz demasiado ligera. El Credo sirvió para el lucimiento del coro y dio a la orquesta la oportunidad de lucir su excelente cuerda. El Agnus fue lo mejor de esta Misa, siendo lo más delicado y sensible. Tenor y mezzo estuvieron correctos mientras la Orquesta de Cámara gallega dejó patente una vez más su excelente preparación y empaste. La dirección de Martorell correcta y en algunos momentos brillante. Un excelente concierto de apertura. 1397124194