OPINIÓN
Recojamos los fragmentos
Me piden un escrito apresurado, me pregunto si una última conversación podría servir como remedo de entrevista, no quiero decir de testamento. Cada cual que lo lea como desee. Colligete fragmenta, ne pereant, así se titula el artículo de López Castrillón, del que hablamos ayer (por cierto, Luis, ya lo encontré: en el Boletín del Clero del Obispado de León, de 1875, pero no dice que fueran negros). Decía Castrillón, que con los fragmentos de tégulas romanas, se podría recomponer la Historia de la Legio VII, la de San Marcelo y la de León. Los fragmentos del inmenso trabajo de Luis sobre León, dispersos en cientos de revistas, no sólo como escritor sino también como agitador de Asociaciones y hasta como muñidor de la política local, no se perderán: tiene un hijo bibliotecario, que es como tener biógrafo particular. Pero sí, tal vez, se puedan perder esas últimas conversaciones, de las que por casualidad fuimos testigos. Ayer tarde presentaba un libro Luis Mateo. Pensé que Luis se iba a quedar sin ese libro de un amigo, dedicado. Le llamé y me presenté en su casa con el librico. En cinco minutos me explicó su mal, que en ese momento era fácilmente superable con un «corta y pega», sus padres han tenido amplias experiencias con la medicina, «y ahí los tienes recién celebradas las bodas de oro». Un amigo íntimo, político y otro médico, le arreglaron en una semana dos gestiones médicas de las que se sentía muy satisfecho (de su amistad y de la gestión). De ahí pasamos a otros campos: un Pleno municipal movidito, que tuvo que seguir por la radio; un par de chinchones le expliqué, nada serio. Un amigo achinchonado, que en su opinión tiene un espléndido futuro; opiniones encontradas entre ambos, sin menospreciar virtudes de nadie, pero dejando el veredicto en manos de futuras urnas. El de antes, lo tiene crudo y lo siento, me dice; Javier también tiene futuro; el de ahora, como os descuidéis se queda para siempre, como Martínez que trabajó conmigo en la radio... y siguen recuerdos de Antena 3, escuela de periodistas y de tolerancia... Leí lo de las cofradías, me dice vivamente interesado en los detalles. Le narro toda la reunión y las reacciones posteriores. Cuesta tratar con ellos, dice, porque a veces no piensan más allá de uno o dos años, y la tradición es cosa de siglos. Libros y más libros: el regalo de Fernández Catón, aún en la caja esperando una estantería; se lo agradece inmensamente porque a él debe León, poder leer toneladas de pergaminos mecanografiados, desde nuestro sillón favorito. Su hermano al teléfono, que si te hago las fotocopias del Boletín ese, (supongo que Valentín al lado buscando el año de marras); que no, que ya mando el lunes a Alfonso. El libro de Catón, quedó bien (Luis se encargó de toda la parte editorial) y se reparte el miércoles, le digo. Pues no me fijé en ese Luis, que eres un pillo. Que ya se jubiló Don Alejandro, le digo, en el banquete estaban todos y pusieron una especie de gallina con salsa agridulce. ¿Acabarás la conferencia de la catedral para el 28?, pregunto. Que sólo me falta un discurso de la Diputación y con ese termino, dice. Si no, que Juan Luis adelante otra conferencia y la leo en noviembre. Ayer inauguramos un curso académico, y hablamos de aquel colegio Tajamar, que se las vio con los Maristas en Cesta y Puntos, le digo. Calla. Me dice: yo era del equipo Marista; sigue una retahíla de nombres de sus compañeros de equipo, y de algunos hasta su dirección actual. Ayer acabé de meter en el ordenador las Actas de la Comisión de Patrimonio, me dice. ¡no sabes lo que se puede encontrar leyendo actas antiguas: está todo! Como no me dejan salir de casa, me estoy poniendo al día recortando periódicos. Desde hacía dos semanas, Luis seguía un severo régimen de lectura y bombones. Bombones pocos, porque un día Juan Luis y otro un servidor, nos comimos todo el remanente con los cafeses que nos ponía Carmen, mientras Isabel preparaba un trabajo de Química. El 29 leo lo de San Marcelo, le digo. Me saca un ejemplar de las Políticas Ceremonias (que aún debemos a Vicente), que para eso se recogió el ceremonial. Que debemos el voto de San Millán de este año, que saldría un buen libro de historia de la educación, me dice. Que sí, que todos los nuevos concejales han recibido las políticas para ponerse al día y quedar bien. ¿Y si digo que era negro?, le digo. Mira un artículo de Castrillón, me dice, sobre la Legión Trajana a ver qué dice, pero los angelitos del retablo sí son negros... Y luego salieron las esposas, los hijos, los padres, pero eso no se cuenta. Muchos años de trabajo; de interés ferviente por esta tierra dura; de páginas escritas con sabiduría y con amor. Me fui a la ópera y quedamos el lunes. Y ahora, a pesar de los sentimientos, recojamos los fragmentos de su trabajo y que cada cual haga lo que pueda, porque León, el de Luis Pastrana y el nuestro es cosa de todos.