OPINIÓN
El hombre y su memoria
«NO ME DA una vida para conocer León». Tuvo, ay, tan sólo media. Dicen que la muerte siempre te pilla por sorpresa. A Luis le esperaba de madrugada. Llegó sigilosa a su casa, convertida en archivo vivo de una ciudad tantas veces centenaria. Interrumpió sin permiso una vida apasionada. Miles de horas rastreando el pasado, descifrando lo que fuimos, hurgando en el enigma de una urbe crecida, menguada e inventada sobre el viejo solar de un campamento romano. Quería alguna vida más para poder leer cada línea, cada letra contenida en los legajos y documentos apilados en los archivos de una ciudad que le dio título. Porque Luis Pastrana es (¡dejadme el presente!) Cronista Oficial de la Ciudad de León. El mayor título, quizá, que una ciudad puede conceder, aunque no tenga chófer ni coche oficial. Navegaba por el pasado luchando contra el tiempo. El pálpito que sacude a los hombres sabedores de que no somos, quizá, nada más que minutos. Se sumergía en el pasado luchando contra la desmemoria. La intuición de que seremos, quizá, sólo un recuerdo. Se me antoja difícil imaginar los archivos leoneses sin Luis y su pregunta: «¿Encuentras?». Él siempre estaba allí, buscando. No para atesorar, sino para contar. Una rareza en un mundo complejo y enmarañado en el que se aspira a la posesión. Pastrana creía, en cambio, que la propiedad de ese pasado en el que volcó su vida era del común. Trabajaba en el Ayuntamiento, «ayuntando» voluntades para mostrar un pasado que nos pertenece a todos. Tenía una paciencia infinita, una discreción blindada y una memoria privilegiada con la que se permitía, socarronamente, sorprenderme. A mí, que no sé en que día, mes, año y siglo vivo. Tenía proyectos, miles de proyectos que no deberían seguir siendo eternamente proyectos. Entre ellos, el Museo de la Semana Santa de León. Quería seguir colocando las placas que dan nombre e historia a las calles. Y contar lo que nunca ha sido contado. Nos deja su recuerdo y miles de párrafos publicados en una obra prolífica y esmerada. El autor de las «Políticas Ceremonias» es ya parte de la historia de una ciudad que ha perdido al hombre y su memoria.