Escritor
«Escribir es coser el traje roto de todo aquello que hemos leído»
El autor leonés presenta hoy en el Ayuntamiento, acompañado por Juan Pedro Aparicio, su primera y soreprendente novela, titulada 'El viajero se ha ido, como es lógico'

El poeta y columnista leonés Luis Artigue se ha embarcado ahora en una nueva aventura novelística
Luis Artigue (León, 1947) es un joven autor al que ya conocíamos sobre todo por el ritmo vibrante de sus poemarios ( Por si acaso la vida , premio Eugenio de Nora), sus imágenes plásticas y táctiles, muy vívidas ( Tu aroma en la licorería , premio Villa de Leganés), su pluma ágil, fluida, alejada de tópicos ( Prohibido fijar carteles ), la prosa certera y descarnada que exhibe en su columna semanal del Diario de León El aullido y por su extraordinaria inquietud creativa. Ahora, el escritor da otra vuelta de tuerca a su engranaje literario y saca a la luz El viajero se ha ido, como es lógico (editorial Linteo), una audaz novela que esta tarde, a las 20.15 horas, presenta en el salón de actos del Ayuntamiento acompañado por el escritor Juan Pedro Aparicio y el editor Manuel Ramos. -¿Qué incentivos tiene esta novela para el lector medio, que se halla ante un ya de por sí superpoblado mercado literario? -Es posible que encuentre todo lo que yo mismo he encontrado: gracias a lo que la novela me ha aportado, he llegado a crecer como persona; especialmente por el mensaje central que transmite, vigente y necesario: que existe otra manera de ser hombre. Y luego, claro, está el lenguaje y la historia. -Entonces empecemos por el lenguaje, ¿recuerda al de tus obras anteriores? -Sí, porque va muy acorde con la historia, con el mundo desenfrenado y vanguardista del París de los años 20. Creo que es muy lírico, con gran densidad imaginativa. También es un oceáno de frases. Está lleno de diálogos densos, ágiles. Ten en cuenta que había tanta gente interesante en aquel lugar y aquella época (Picasso, Unamuno, Djuna Barnes, etc) que no paraban de decir cosas ingeniosas. Además, en esa ciudad de entreguerras se habían reunido expatriados de todo el mundo: París se globalizó, al igual que está sucediendo hoy con todo el mundo. -Y ahora la historia; ¿qué tal una breve sinopsis? -La novela narra la vida del pintor leonés Manuel Muro, nacido en 1898. Comienza a trabajar barriendo el estudio de un artista, don Modesto, quien le iniciará en el arte de la pintura. Luego marcha a estudiar a Salamanca, de donde es expulsado por retar a un catedrático y acaba en el efervescente París de los años veinte acompañado tan sólo por una maleta vacía que le regaló su maestro. En ella va guardando todo tipo de cosas: un cuadro de Picasso, un diario de Unamuno, etc. Pero en una ocasión, mientras estaba haciendo el amor con Peggy Guggenheim, es descubierto y ha de salir precipitadamente dejando la maleta olvidada con todo su valioso contenido. -¿Desde cuándo ronda este argumento por tu cabeza? -Como mínimo desde 1998; en ese año fui premiado con una beca Joven y Brillante, lo cual me permitió hacer un máster en Norteamérica sobre un tema que me interesaba mucho: la temática lésbica en el París de los 20. Para mí, escribir es coser el traje roto de todo cuanto hemos leído, así que esta novela es un mosaico de todas las lecturas que he hecho, de todas mis vivencias, amistades, sentimientos, viajes, etc. Además, esta novela no aspira a convertirse sólo en puro entretenimiento, sino a algo más, quizá a cambiar la vida de la gente que la lea, como me ha ocurrido a mí con algunos libros. -¿Por qué el lesbianismo como uno de los temas centrales de la obra? -Salen muchas lesbianas, es cierto, pero el tema no está enfocado desde el morbo. Las lesbianas ayudan al protagonista a mejorar su condición de hombre: le enseñan a no tratar de dominar en una relación de pareja, a no embrutecerse; le enseñan a enfatizar el intercambio más que la dominación; en cierto modo lo liberan. -Un estudio reciente demostraba cómo la provincia es una de las que más libros producen de toda España; ¿cómo valoras eso? -León no es una potencia económica, pero sí es una verdadera potencia cultural. De los quince escritores españoles más importantes que hay actualmente, al menos seis son de León. Pero es que es algo que va en la propia personalidad de los leoneses, que son cuentistas por naturaleza. León es una de esas ciudades en las que las personas conviven con los personajes; si algo se hace o consigue es porque luego se puede contar; hay un sustrato oral muy fuerte. Lo que hacen Merino y Pereira es, en el fondo, lo que hacen nuestros abuelos, pero por escrito. -¿Cuánto se escribe y cuánto se lee en este país? -Se compra mucha literatura, pero se lee no tanta; aunque quiero creer que está empezando un resurgir del ánimo lector. De todas formas, mientras exista el impulso de contar la literatura nunca morirá, porque cumple una función, satisface una necesidad de la sociedad: el ser humano tiene un impulso que no cabe dentro de lo real. Leemos novelas porque queremos vivir otras vidas, o porque queremos salir de la nuestra. La ficción es, pues, necesaria, y tiene virtudes terapéuticas, invita a ver las cosas desde otro ángulo, a conocer otros discursos humanos, y a ser tolerantes.