Diario de León

Beethoven y el viejo profesor

Franz Brüggen dirigió la Orquesta del Siglo XVII en estado de gracia, desgranando un novedoso programa

Publicado por
Miguel Ángel Nepomuceno - león
León

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Nada nuevo se puede decir a estas alturas de la Orquesta del siglo XVIII que fundó y dirige en la actualidad el «viejo profesor» Franz Brüggen a no ser que su sonido es completamente diferente al escuchado a formaciones similares que trabajan con instrumentos originales o copias fidedignas de ellos. Si de algo sirve su utilización no cabe duda de que la mejor manera de reflejarlo es presentando programas en los que su sonoridad se manifieste en todo su esplendor, y eso es precisamente lo que Brüggen viene haciendo en esta gira por cinco ciudades españolas y holandesas, en las que pone en atriles un programa que sin ningún reparo se le puede llamar novedoso por lo infrecuente de las dos obras que lo integran. Poco por no decir nada, se escucha la única sinfonía de Cherubini, en re Mayor, en las salas de conciertos y mucho menos la música de escena para el drama en cinco actos de Goethe, Egmont, con música de Beethoven. Precisamente estas dos obras son las que la Orquesta del siglo XVIII se esfuerza en dar a conocer en todo su esplendor y en su versión íntegra por los diferentes países a los que viaja. En León sirvió ambas en completo estado de gracia pudiendo al fin escucharse un Egmont con toda la fuerza y el calor que el drama goethiano posee. En su alegato en contra del dominio español en los Países Bajos Goethe no se detuvo en marras a la hora de usar todos los recursos escénicos y la fuerza de la palabra para conseguir, apoyado en lo épico de la  música de Beethoven, un breve fresco en el que quedan perfectamente reflejados el ansia de libertad de un pueblo sojuzgado por la mano férrea de un rey  severo y en ocasiones cruel. Mientras un narrador, en este caso el magnífico actor de teatro Juan Jesús Valverde, iba descorriendo el velo de las escenas para servir de hilo conductor a una acción que se apoya de forma especial en la palabra y en la música, la dulce voz de la soprano Rebecca Nash, cristalina y perfectamente afinada, ponía las pinceladas líricas a las canciones que Clara-un personaje imaginario sinónimo de libertad-entonaba como complemento a la narración de un hecho histórico cuya fuerza y hondura sólo fueron parangonables con la brillantez de una música hecha para impactar. La profunda voz de Valverde, su soberbia identificación con lo narrado fueron determinantes para que todo el entramado dramático y psicológico tuviera la máxima expresividad. La Sinfonía en re Mayor de Cherubini, una obra menor pero sorprendentemente fresca en la que no pasa desapercibida la influencia de Haydn especialmente en el tercer movimiento, el mejor de los cuatro, con un trío en re menor de sugestivas coloraciones, tuvo una excelente lectura por parte de la Orquesta del siglo XVIII, brillante en el metal y seductora en la cuerda,  y siempre dúctil a las órdenes de un director que como Brüggen conoce a la perfección todos los recursos y sabe utilizarlos con sobriedad y elegancia.  

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