Diario de León

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Afina, toca y luego sal corriendo

Los responsables del Auditorio siguen sin avisar de los cambios en la programación

El grupo de cámara Musica Antique Köhl en el Auditorio

El grupo de cámara Musica Antique Köhl en el Auditorio

Publicado por
Miguel Ángel Nepomuceno - león
León

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Hablar de frialdad, pasotismo o rutina interpretativa sería caer en una apreciación vulgar de lo que el grupo camerístico Música Antiqua de Köln ofreció el pasado viernes en el Auditorio. Lo de pasotismo prefiero dejárselo para los responsables del Auditorio, concejal incluido, a los que parece importarles un comino tanto el centro como el público que a él asiste. La desidia que demuestran hacia lo que debe ser la imagen de él y su programación es flagrante, importándoles un bledo no anunciar los cambios que se van produciendo, (en música me refiero), tanto en las programaciones como en los intérpretes, por más que se le insista. Las entradas se devuelven, los pocos aficionados que vienen de afuera se van con la sensación de que se les ha estafado, porque han entrado, se han sentado a ver el programa por el que han pagado y se han tenido que ir con otra historia que ni les iba ni les venía y encima nadie se ha tomado la molestia de comunicárselo ni les ha pedido disculpas por megafonía. Esto viene sucediendo desde la apertura del Auditorio y en especial con la Orquesta de Castilla y León, que «nunca saben los programas que van a hacer hasta que los han tocado»; volvió a suceder el 7 de diciembre con la mencionada formación, el pasado día 19 con el ballet de Biarritz y ayer con García Asensio, que sustituyó a José Ramón Encinar por enfermedad de éste y no se puso ni una nota. Las protestas del público y el malestar entre los abonados y aficionados es cada vez mayor, yendo parejos con la fama de prepotencia por parte de quienes se han erigido en los dueños de algo que hemos pagado todos. Volviendo al comentario del concierto de la Orquesta de Colonia, decir en dos palabras que tocaron con minuciosidad germánica, brillantez latina y frialdad nórdica, contagiando a los asistentes el nerviosismo que en ellos imperaba, como si un autocar estuviera con los motores en marcha esperándolos en la puerta. Porque de qué sirve pagar cantidades desorbitadas para nuestras exiguas arcas con el fin de traer en actuación exclusiva en España, a estos maestros del barroco, si luego cuando llegan parece que están deseando irse porque León es mera rutina en sus itinerarios de conciertos. ¿Tocar?, claro que lo hicieron, y como los propios ángeles, especialmente los dos trompas barrocas, toda una lección de lo que es hacer sonar ese instrumento sin pistones a base de las posturas de la mano. Todas y cada una de las obras sonaron perfectas y frías como un cedé, hasta tal punto que un buen amigo y mejor melómano me confesó al finalizar con su proverbial ingenio: «Si supiera que en el Paraíso se tocaba el barroco como lo han hecho éstos, volvería a la Iglesia». Creo que esa frase dice por sí sola más de lo que todos mis elogios puedan añadir.

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