La orquesta tocará en el Auditorio una obra capital, cuyo estreno marcó una época de la música
La Sinfónica de Castilla y León se «consagra» hoy con Stravinsky
Alejandro Posada dirigirá «La consagración de la primavera» y obras de Preston y Milhaud

La Sinfónica de Castilla y León en uno de los conciertos que mensualmente ofrece en el Auditorio
La Orquesta de Castilla y León, bajo la dirección de Alejandro Posada, estrena hoy en el Auditorio la obra de Stravinsky, La consagración de la primavera, al igual que el Concertino para marimba y orquesta", op.21, de Paul Preston, con el solista Samuel Walton a la marimba. Completa el concierto la obra de Darius Milhaud, El buey sobre el tejado. Una de las obras capitales de la música del pasado siglo, y una de las más grandes partituras sinfónicas jamás escritas, el ya histórico y escandaloso estreno del ballet La consagración de la primavera, o currió un 29 de Mayo de 1913 en Paris y lanzó a la fama y a la notoriedad al entonces joven compositor ruso Igor Strawinsky. El increíble dominio de los recursos de una inmensa orquesta, la habilidad tímbrica y, especialmente, rítmica que transforman el primitivismo de los temas populares rusos utilizados en algo absolutamente increíble, hacen de ésta música una de las referencias obligadas para cualquier compositor y aficionado. El Theâtre des Champs Élyseés se dividió el día de su estreno entre un grupo de furiosos espectadores que consideraron el estreno de la coreografía La consagración de la primavera como un espectáculo denigrante, provocador, obsceno e incluso ridículo, y otro que reconoció tanto la importancia e innovación de la música de Stravinski, como la coreografía de Vaslav Nijinski. En ese principio de siglo, desconocedor de las guerras que años más tarde desgastaran el optimismo que sostenía la evolución del hombre hacia una vida mejor, el espectáculo de un rito como la renovación de la naturaleza mediante un sacrificio humano fue excesivo, pues se trataba de la magia llevada a su máxima consecuencia: en ese momento las secretas simpatías de las leyes naturales con los actos de los hombres no podían ser entendidas. Es este argumento el que condiciona a Stravinsky para diseñar una obra llena de recursos rítmicos y percusivos, casi salvajes, que rozan lo obsesivo. Esta naturaleza percusiva choca con la ausencia de instrumentos de esta familia, exceptuando una batería de timbales. Pero también rítmicamente la obra es de lo más rica. Stravinsky emplea con generosidad polirritmos, síncopas, combinaciones irregulares de figuras y cambios constantes de medida. La atrevida coreografía de Nijinsky y el vestuario excesivamente liviano de los bailarines resultaron ser demasiado provocativos para la conservadora sociedad parisina del momento. Las crónicas de la época relatan que el público preparó tal pataleta que la música apenas resultaba audible. Lugar: Auditorio Ciudad de León. Hora: 20.30. Precio: 9 euros (platea) y 6 (anfiteatro).