Abab emérito de San Isidoro
«San Isidoro se conoce ya hasta en el Japón»
Abad durante más de treinta años y gran divulgador e investigador de las cosas leonesas, recibe hoy un sentido homenaje

Antonio Viñayo, referente de la cultura en León
«Los leoneses conocen hoy San Isidoro mucho mejor que antes, y también la gente de fuera», dice Antonio Viñayo, y si esto es así lo es en gran medida gracias a la labor monumental desarrollada por una de las personalidades más queridas por todos los leoneses por su erudición, humildad y entrega. Hoy, Antonio Viñayo recibirá en el Hotel Conde Luna un cariñoso y multitudinario homenaje. -¿Qué impresión le produjo la Basílica la primera vez que entró en ella? -Tenía 7 años y entré con mi padre porque él tenía costumbre de rezar allí siempre que iba a León. Le gustaba escuchar el órgano, al que llamaba el rey de los instrumentos , y yo me asombré mucho porque lo único que había oído hasta entonces era el tambor y la pandereta. San Isidoro no era muy distinto a hoy, salvo que había más velas y el piso era de madera, y tenía una huerta rodeándolo. ¡Tuvimos que atravesar muchos praos para llegar a él! También me fijé en el gallo, del que decían que no envejecía, y los paredones de la muralla, que me asustaron. -¿Cuándo entró en el templo como canónigo? -En el año 1957, aunque el tema ya estaba 'apalabrado' dos años antes. De todas formas, en los años cuarenta ya lo había visitado mucho para mi tesis sobre santo Martino de León (en Salamanca me decían que qué era eso de santo , sería san , y yo, que no estaba muy seguro, pues decía san Martín o san Martino, es que lo de santo Martino es genuinamente leonés). El caso es que el santo tiró de mí y ya no pude resistirme a su influencia. Estaba predestinado. -¿Y como abad? -Pues ahí hubo dos fases. Antes había un abad vitalicio que pidió una excedencia especial que concede la Iglesia a quienes llevan cuarenta años de servicio; y se marchó a vivir con las Hermanitas de los Pobres. Así es que como no se podía nombrar abad se designó un prior, que fui yo, en 1962, y en 1971 quedó ya vacante el puesto de abad, y también lo ocupé yo, aunque las funciones eran las mismas, lo único que cambió fue la denominación. Y así estuve hasta hace poco tiempo, cuando conseguí que me jubilasen. -¿Cuáles han sido los momentos clave para usted a lo largo de todo este tiempo? -Ha habido muchos. Han sido muy importantes, por ejemplo, las obras, ya que no sé si sabes que estuvimos a punto de perder la iglesia; los muros se estaban rajando y se tuvo que hacer una reforma muy seria. Luego habilitamos la Casa, acometimos las obras del Museo y la Biblioteca, y dispusimos la Basílica para el turismo. Muchísimas personalidades han pasado por aquí para ver las tumbas de los Reyes de León y el resto de tesoros. También editamos la Biblia Mozárabe, que conocen hasta en Japón, hicimos congresos internacionales, exposiciones que han transpasado fronteras, Años Santos... toda una vida. -¿Conocemos los leoneses mejor que antes San Isidoro? -Los leoneses y los de fuera. Ahora se hacen muchas tesis sobre el santo, y antes sólo éramos un grupo de románticos amantes del patrimonio; así es que veo el futuro con mucha esperanza. Hora: el homenaje será a las 14.15. Lugar: Hotel Conde Luna.