Diario de León
Publicado por
VICENTE PUEYO
León

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«BUSCAR las palabras entre zarzas y espinas». A eso decidió dedicarse Antonio Colinas y buscó el camino de la literatura, de la poesía, para llevar a cabo su objetivo. Confesó ayer, en la Casa del Tratado de Tordesillas, -ante un público integrado por animosos bocetos de periodista-, que, en un momento dado, en su peripecia vital se le presentó una urgente y clara disyuntiva: literatura o periodismo. Se decantó por la primera y todos hemos ganado porque cada vez son menos los devotos de la palabra verdadera, la que Colinas persigue en la serenidad de su alcoba, tan ajena al confuso bullicio de las redacciones, reino de lo imperfecto. Se mostró generoso el poeta bañezano al hablar del inevitable vínculo entre literatura y periodismo, que, a lo largo del siglo XX, ofrece ejemplos admirables de simbiosis -Azorín, Baroja, Unamuno, Valle Inclán, Ortega,...- pero su mensaje obvio, fundamental, sincero, sonaba por momentos como en un espacio antiguo. «Para comprender el mundo hay que contemplarlo y leerlo serenamente». Y mientras Colinas decía esto, dos muchachas de la era cibernética, repasaban los mensajes de su móvil y a otra le resbalaban las palabras del poeta como por un impermeable al tiempo que resumía la jornada haciendo un dibujo-guiñol primoroso del escenario que contemplaba en el que no faltaba un presentador ajusticiado por haberse regodeado tanto en sus funciones. Hablaba Colinas del siglo XX y de cómo se produjo una fusión ideal entre las dos escrituras, la del periodismo y la puramente literaria. Pero su voz, su sensato mensaje, parecía quedar engullido por un inquietante agujero negro en cuyo centro están todas las incertidumbres sobre lo que le espera a una profesión que escapa por momentos de esquemas conocidos y abre sendas tan nuevas como desconocidas y en lo que todo, absolutamente todo, está puesto en cuestión.

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