«No omitir, no añadir y no adulterar», reglas de oro del buen traductor
Una de las ramas que más ha cultivado Valentín García Yebra es la traducción. Su erudicción en este campo le ha llevado a traducir textos de siete lenguas diferentes: griego, latín, alemán, francés, inglés, portugués e italiano. El académico tiene una regla de oro para el buen traductor: «Hay que decir todo lo que dice el original, no decir nada que el original no diga y decirlo todo con la corrección y naturalidad que permite la lengua que se traduce». Esta máxima se puede aún sintetizar más: «No omitir, no añadir, no adulterar; decirlo todo lo mejor posible». No obstante, algo tan sencillo no lo es tanto. Para realizar una buena traducción hay que saber muy bien el español, conocer la lengua que se va a traducir y saber perfectamente lo que quiso decir el escritor. Entre las primeras obras que tradujo Valentín García Yebra se encuentra la Metafísica de Aristóteles o la Medea de Séneca, elogiada por Rafael Lapesa. El catedrático explica que, si bien la traducción de la prosa es relativamente fácil, con la poesía las cosas son distintas. Asimismo, explica que los versos latinos son más sencillos de traducir que los ingleses. Para demostrar la dificultad recurre a uno de los poemas que tradujo del portugués: «Rua torta; lua morta; tua porta». Los primeros dos versos son fáciles de traducir: «Calle torcida; luna muerta», pero al llegar al tercero -tu puerta-, no resulta fácil conseguir la rima y darle al conjunto del poema su sentido.