Diario de León

Radulescu o lo imposible

El concierto ofrecido por este gran intérprete tuvo mucho de genialidad pero también de improvisación ante los imponderables de un órgano que ya está para el desguace

Publicado por
M. Ángel Nepomuceno - león
León

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Ni echándose a soñar iba a imaginarse Michael Radulescu que el concierto que iba a ofrecer en la Catedral de León dentro del siempre magnífico Festival de Órgano se iba a convertir en una suerte de calvario cuando a la hora de interpretar a Bach se encontró con una nota demasiado terca que no le permitía continuar su lectura ya que una vez más, y son ya cientos, el órgano se negaba a ser utilizado. Gracias a la magnífica cobertura televisiva que el técnico Juan Arce desplegó por toda la Catedral, con varias pantallas que recogían distintos aspectos de la Pulchra, pudimos ver cómo se iban mezclando, con sumo acierto, diferentes planos del rostro del intérprete, la pasmosa agilidad de sus dedos o el baile de tricotosa de sus pies que tejían y destejían la melodía a base de exactitud, precisión y técnica. Gracias también a este acierto logístico los espectadores ubicados en naves desde las que antes nunca podían ver al intérprete podían ahora escuchar hasta su respiración, mientras veían cómo su rostro iba cambiando de expresión con cada pulsación, con cada frase o acorde de la obra que en esos momentos estaba traduciendo. Sin duda todo un acierto que coloca al Festival de Órgano a un nivel privilegiado entre sus homónimos en cuanto a infraestructura, calidad y avances tecnológicos. En cuanto al concierto poco se puede añadir que no se sepa ya de este mago del teclado que es una leyenda en centroeuropa y que en León no pudo, por lo apuntado anteriormente, lucir todo su talento. Sin embargo algunas gemas las pudimos escuchar en ese Tiento del 5º Tono de Cabanilles, en une versión de diáfana transparencia, sin ornamentaciones innecesarias ni efectos sonoros fuera de estilo. Radulescu fue todo sobriedad y poesía. El Preludio y Fuga de Brahms fue de tal sencillez que causó estremecimiento, más debido a la contenida expresividad que al juego de efectos tímbricos que utilizó. La Coral que siguió fue otro modelo de exquisita armonía, dejando el terreno abonado para ese Bach insoslayable de la Tocata Adagio y Fuga de Do Mayor , con el que el maestro rumano tuvo un diálogo interior que trascendió al numeroso público que permaneció atento y en silencio durante la mayor parte del concierto, aunque también hubo deserciones de última hora, más debido a la incomodidad de los asientos que a la densidad de lo escuchado. La Pastorella en Fa Mayor con sus cuatro cadencias, y l a Passacaglia en Do Menor, del autor de la Misa en Si, fueron otras tantas demostraciones de cómo hacer que la música de órgano alcance, con los medios adecuados, naturalmente, proporciones inusitadas de belleza, espiritualidad y armonía, tres premisas que el maestro Radulescu combina a la perfección. Un concierto majestuoso, gratificante y bien estructurado, pese a los imponderables de un órgano para el desguace.

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