El Ayuntamiento delegará en la facultad los criterios para designar los mejores expedientes
Cultura instaura siete premios con los nombres de los cronistas de la ciudad
Se concederán a los mejores expedientes de Filosofía y Letras con una partida de 21.000 euros
Luis Pastrana fue uno de los últimos leoneses «premiados» con el título de cronista oficial de León
La Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de León tiene la intención de reinstaurar los premios especiales concedidos a los mejores expedientes de las facultades de Filosofía y Letras. El edil, Alejandro Valderas, ha manifestado que la puesta en marcha de este programa de subvenciones tiene como finalidad subsanar la injusticia provocada por el hecho de que ninguna de las especialidades englobadas en Filosofía y Letras «entra a concurso» en la treintena de galardones que concede la Universidad de León. Para ello, se pondrá en marcha una vez más la comisión entre el Ayuntamiento y la Universidad que terminó siendo alcalde de León Juan Morano, una vez que se puso en marcha el Consejo Social. El proyecto será aprobado esta misma semana en comisión informativa de Cultura y supondrá la instauración de siete premios especiales para los mejores expedientes de cada una de las titulaciones de Filosofía y Letras. Una de las características de estos galardones, que tendrán una partida inicial de 21.000 euros (tres mil euros por premio), radica en la particularidad de que cada uno de ellos llevará el nombre de uno de los cronistas oficiales de León. De esta manera, los de Ramón Álvarez de la Braña, Honorato García Luengo, Ángel Suárez Llamas, Victoriano Crémer, Máximo Cayón y Luis Antonio Pastrana serán los nombres que darán brillo a las becas concedidas por la administración municipal. No obstante, Alejandro Valderas destaca que la Concejalía delegará en la facultad la elección del mejor expediente académico, así como los criterios que se tomen para determinar quien es elegible para el premio. El cargo de cronista oficial tiene resonanancias medievales y aluden al personaje que plasmaba, que fijaba los hechos que tenían lugar en la villa, el escriba paciente que seleccionaba acontecimientos y que confeccionaba el archivo, la memoria de la vida en común de una sociedad determinada. El estudio erudito era posible gracias a él, así como el consejo a las autoridades y la transmisión de sabiduría y conocimientos a posteriores generaciones de ciudadanos. El cronista actual goza de menos prerrogativas, pero se trata, sin duda, de una personalidad de primer orden entre la gente pública de la capital, y participa activamente de los actos culturales que tengan lugar en la misma. Es, en definitiva, el responsable de todo lo que tenga que ver con el conocimiento de las raíces.