Álvaro Reja expone su «búsqueda de la felicidad» en la galería Bernesga

Así ve el artista Álvaro Reja a todos sus personajes

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Marcelino Cuevas - león
León

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Cuando hablando de un pintor se dice que es académico, pensamos en largos estudios en alguna de las muchas facultades de Bellas Artes que hoy se reparten por el mundo. Pero hay veces en las que el artista puede superar en técnica a cualquier alumno de las más destacadas academias siendo, simplemente, un autodidacta. Es el caso de Álvaro Reja, pintor lleno de experiencia, de sapiencia, de oficio, artista que arranca del clasicismo más radical en cuanto a técnica, para crear un mundo imaginario, un universo más soñado que vivido, en el que niños y mayores juegan a ser felices con inocente placidez y casi insolente felicidad. El artista, puesto a ser personal e intransferible, se ha inventado unos seres muy parecidos a los humanos en sus formas, pero que mirados con atención demuestran venir de muy lejos, nada menos que del subconsciente de Álvaro Reja. A sus niños, a sus adolescentes, a sus artistas circenses les ha crecido la cabeza de tanto pensar en la felicidad y de tanto sentir una dulce melancolía, porque el artista mezcla con singular maestría una relajante sensación de abandono, con una atmósfera colorista que invita a la sonrisa. Dice Álvaro Reja que para él «no significa ningún esfuerzo especial crear estos personajes, dibujar y pintar estos escenarios. Surgen de mí -asegura- como algo natural y espontáneo, creo que soy uno más de ellos, porque no pinto lo que veo, pinto lo que siento». Explica el pintor que él lo que le gusta es buscar la belleza de las cosas y trasladarla a su pintura. «No me deja satisfecho representar la amargura, el sufrimiento o la desdicha. Creo que hay que posar los ojos en lo bueno, en lo positivo, por eso mis cuadros intentan acercarse a la felicidad». El artista no cree en escuelas ni tendencias, es amante de la buena pintura, algo que incorpora continuamente a su trabajo. Mercados de frutas y verduras convertidos en romántica poesía, niños con la paz entre las manos, malabaristas que juegan ante elefantes despistados, bodegones rodeados de silencio¿ y mucho color y muchas mariposas locas que pretenden escapar del lienzo. Pintura con mayúsculas que Álvaro Reja ejecuta con la pasión de un minucioso artesano. «Fíjate -comenta- este cuadro podrías mirarlo con una lupa, observa como está pintada cada brizna de hierba, hasta el último detalle de esta pared¿» El artista, prisionero del mundo que ha inventado es ya uno más de sus peculiares personajes.

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