Catedrático de Derecho Administrativo
«La Universidad es más lugareña y está cada vez más gremializada»
Universitario en el más amplio sentido de la palabra y catedrático de Derecho, este autor combate en un nuevo libro el «mito» de la autonomía aplicada a la universidad pública

Francisco Sosa Wagner, con su nuevo libro publicado por la editorial Thomson-Civitas
La palabra autonomía, aplicada a muy diversos ámbitos de la vida, se puso terriblemente de moda hace más de veinte años, con el advenimiento de la democracia en España y la creación de la Constitución y el Estado de las, claro está, Autonomías. Sobre todo, la palabra llenó la boca de los impulsores del proceso constituyente, y precisamente fueron ellos los que introdujeron la idea de la «autonomía universitaria», presente en nuestra Carta Magna. Ahora, el catedrático de Derecho Administrativo Francisco Sosa Wagner combate este concepto, por inexistente e irrealizable, en su nuevo libro, El mito de la autonomía universitaria . -¿La universidad pública ha sido alguna vez autónoma, independiente? -La autonomía universitaria es algo que, históricamente, no ha existido nunca. En su origen, las universidades eran establecimientos o instituciones conectados con el poder; la Iglesia o el Estado, que la tenían a su disposición para la formación de elites o cuadros de funcionarios. A lo largo de los siglos (Edad Media, Renacimiento, Ilustración), la universidad siempre ha estado al servicio de los objetivos del poder, algo que se acrecienta en el siglo XIX con las revoluciones liberales, que hicieron depender a las universidades de los ministerios de Educación. -¿Por qué hablar, entonces, de algo que nunca ha existido? -Es algo que nunca ha existido pero que está en nuestra Constitución de 1978, si bien ninguna de las Cartas Magnas anteriores lo había recogido. Ni en la Segunda República, ni en los proyectos de Fernando de los Ríos ni en el libro de referencia de Ortega y Gasset, La misión de la Universidad , hay vestigios de ello. -¿Cuándo y por qué aparece este concepto? -Es una resonancia mítica que aparece durante el proceso constituyente de 1978, confundida con el ejercicio de la libertad en las labores de docencia e investigación que se llevan a cabo dentro de la universidad, lo cual no es más que una variante de la libertad de expresión inherente a todo régimen democrático, también llamada libertad de cátedra. La tesis de mi libro se basa, pues, en la necesidad de realzar el ejercicio de esa libertad, no de propugnar una autonomía imposible; libertad precisamente de la cual hay cierto déficit, por ejemplo, en el campo de la investigación: ésta está financiada por entidades públicas (casi siempre) o privadas, de acuerdo con sus objetivos y necesidades, por lo que los temas que se investigan no se eligen libremente, sino que son impuestos por la industria o las instituciones, que, además, hacen suyas estas investigaciones. -Entonces la idea de autonomía, siendo falsa, es también inofensiva... -Al contrario, amparándose en esa inexistente autonomía, se ha han introducido en la universidad lo que yo llamo «mercancía de contrabando y averiada»; como por ejemplo, el hecho de atribuir a las facultades la posibilidad de elaborar sus propios planes de estudio, diseñados «corporativamente», por profesores y alumnos. Esos planes no responden, por tanto a criterios de racionalidad general, sino a los intereses concretos de quienes los elaboran. El resultado de todo ello es un sistema cada vez más «gremializado» en el que los universitarios nos hemos «apropiado» de la organización universitaria -una organización que no financiamos en absoluto-. Queremos gestionar todo lo que ocurre en ella hasta llegar prácticamente a un sistema de «autogestión». Otro ejemplo es la aprobación de los presupuestos generales de la universidad a cargo de un «consejo social» con cámaras, sindicatos, etc., que dice ser el reflejo de los intereses sociales pero que yo no sé quién lo elige. -Otra consecuencia será el aislamiento de cada universidad con respecto a las demás... -Sí, la universidad está cada vez más gremializada y es más lugareña: la posibilidad de trasladarse a otra universidad es cada vez más difícil, estamos más inmovilizados que el doncel de Sigüenza. Las universidades están desvinculadas no sólo unas de otras, también del propio sistema educativo: la endogamia cada vez es mayor. Otro aspecto negativo está en la reforma universitaria, que se quiere hacer «por medio del consenso». Pues si es así, mejor que no se haga: es como hacer una ley de caza contando con los conejos. Hay que trascender los asuntos concretos de cada universidad, hacerlo desde fuera y a un siglo de distancia; quizá, mediante la reflexión de «sabios», de ancianos y expertos que no persigan ningún interés concreto que obstaculice la reforma. -¿Es aún escasamente activo el papel de la Universidad dentro de la sociedad leonesa? -No lo creo. León sería bastante más pobre si no tuviera universidad, y ésta está bastante presente en nuestra vida social. Lo que yo sí critico es el sistema de creación de titulaciones de «cuantas más, mejor», eso es un error tremendo. Lo deseable sería seleccionr algunas, emitir «focos» o «luces» que fueran vistos por todos, que estuviéramos entre los mejores del mundo en algunas materias: para León, yo elegiría Historia Medieval y algún aspecto de Veterinaria.