Novelista, autor de Pompeya

«El Vesubio es un personaje trepidante»

Robert Harris narra en su último libro, «Pompeya» una intriga histórica de los últimos días de la ciudad romana

Robert Harris posa en la campiña británica

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Miguel Lorenci - londres
León

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Robert Harris lo sabe todo de la erupción del Vesubio que sepultó las ciudades de Pompeya y Herculano y a todas sus gentes en el año 79. Ha investigado durante años aquella gran catástrofe natural en la bahía de Nápoles y ahora lo cuenta en clave de intriga histórica en Pompeya. -¿Todos los personajes son reales? -Algunos son totalmente reales, como Plinio el viejo al que mató su curiosidad por la erupción, y otros como el malvado Popilio Ampliatus, liberto ambicioso y dominador, tienen una base real. Investigué los nombres auténticos, pero la mayor parte han sido inventados, como el ingeniero Marco Atilio Primo. Este personaje protagonista del aguador, encargado de supervisar el Acqua Augusta -más de cien kilómetros de acueducto para 9 ciudades y 250.000personas- me permitía hablar de tecnologías, conectar con la mentalidad de hoy y reflejar la realidad de aquel tiempo. -¿Cualquier imperio, aún todopoderoso, es finito? ¿Habrá siempre una fuerza mayor, natural o humana, que lo supere? -Sí. Es una ley histórica. Escribí Pompeya cuando se hablaba de las armas de destrucción masiva. La naturaleza puede serlo, con terremotos, erupciones o a través de fenómenos como el calentamiento global. Es imposible no sentirse sobrecogido por el poder de la naturaleza y saberse a su merced. Tengamos en cuenta que la erupción del Vesubio liberó una energía térmica equivalente a 100.000 bombas atómicas como la lanzada sobre Hiroshima. -¿Qué iguala a los imperios romano y estadounidense? -La historia no se repite milimétricamente, pero las semejanzas están en su enorme potencia militar, no igualada antes en dos milenios, y en la implacable dominación cultural, lingüística, tecnológica y económica. Eso da verdadero poder. Desde el final de la guerra fría se nos dice que los Estados Unidos representan el fin de la historia. Un romano del siglo primero se habría sentido como un americano de hoy. El atractivo que sentimos por los romanos se debe en que son el reflejo de nuestra propia época, en la que también hay traiciones, ambición de poder, codicia, y audacia. -¿Qué prepara ahora? -Durante muchos años fui un cronista político. Siempre quise escribir un libro político. Pero ¿cómo crear personajes que superasen a Blair o Bush? Ese era el reto. Ahora he comprendido que puedo situar esa novela política en la antigua Roma. Es una forma de universalizar la política.

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