| Entrevista | César Gavela |
«El mundo de Barcelona es un magma propicio para una novela»
El cuarto libro de César Gavela, escrito junto a Alberto Gimeno y Premio Ciudad de Valencia 2003, aleja al escritor berciano de su universo literario para recalar en Cataluña

El escritor leonés César Gavela
En El puente de hierro se asomaba a la realidad mágica de la Ponferrada de la posguerra, la «ciudad del dólar». En El obispo de Cuando partía de su propia experiencia como seminarista para recorrer el noroeste mezclando de nuevo la realidad con la ensoñación. César Gavela (Ponferrada, 1953) se atreve ahora a alejarse de su universo literario para adentrarse con La Sagrada Familia en una ciudad, Barcelona, y en unos personajes, la familia Gigante, atrapados por la ambición y la desdicha, la venganza y el amor. Y lo hace a dúo. -Por primera vez, publica una novela escrita en colaboración con otro autor, Alberto Gimeno. ¿Cómo se las han apañado para mezclar sus fabulaciones en una misma historia sin que se note que hay dos voces? -Contar la génesis del libro sería muy complejo. La solución para el modo de trabajar surgió cuando se creó la voz del narrador. En principio, a nadie se le ocurre escribir una novela con otra persona y no va a ocurrir más veces. Surgió de un modo espontáneo. Unos amigos estuvimos inventando en una ocasión una cosa parecida a un parnasillo provincial de poetas anónimos, inventando poetas y su obra. Y de lo que surgió lúdicamente, entre varios, quedamos Alberto y yo. Pasamos a esbozar una posible novela y nos lo tomamos en serio. Creamos el embrión de una novela que consistiría en contar la historia de una generación de escritores españoles, perdida y olvidada. Luego lo abandonamos -¿Por qué razón? -Porque era un libro descomunal y era complicadísimo armar aquello. A mediados de los ochenta quedó olvidado. En los noventa volvimos a charlar de ello. Una parte de aquel borrador antiquísimo, la más novelesca, la trabajamos muy intensamente desde el 92 al 96 y terminamos un libro de unas seiscientas o setecientas páginas. Le hemos hecho varias revisiones reduciéndolo y lo hemos convertido en un libro válido en el año 2003. A la parte formal había que darle muchas vueltas para que quedara claro que era un único narrador el que contaba la historia; un fraile de Montserrat que narra la historia de su familia. Lo presentamos al premio Ciudad de Valencia y lo ganó. Ahora sólo queda una frase o dos de aquel texto inicial del año 83. Así que la parte más antigua de este libro tiene 22 años. Alucinante, ¿no? Siempre creímos en esta historia. -En La Sagrada Familia se aparta del escenario de sus anteriores libros, Ponferrada y el noroeste... -A los que he vuelto, aunque todavía no he publicado. -Vuelve los ojos a Barcelona y Cataluña. ¿A fuerza de vivir en Valencia, el Mediterráneo acabará por entrar en su obra? -Llevó más de 28 años viviendo en Valencia y estoy muy integrado. El mundo de Barcelona era un magma propicio para escribir una novela, fruto de una mitificación. Hemos viajado mucho por Cataluña y Barcelona es muy literaria. A la hora de pactar un lugar donde escribir una novela entre dos, era el más oportuno. Es una novela muy catalana, pero al mismo tiempo muy universal. Lo que cuenta es una serie de acontecimientos y vivencias universales. -Leo en la contraportada; La Sagrada Familia es una epopeya de amor y desdicha, de ambición y de sombra, de teatros y venganzas, de risas y sueños... ¿Es su obra más ambiciosa, o eso queda para su territorio literario habitual? -Es una obra de los dos autores. La fuimos elaborando mucho, uniformando el discurso del narrador, que es un clérigo de Montserrat que vive en los años cuarenta y no puede escribir como un español del 2004. El lenguaje de un eclesiástico es muy rico y trabajado. Formalmente es una novela muy ambiciosa y nunca había aparecido de un modo tan presente las grandes cuestiones que abordamos; la maternidad, el incesto, el amor, el odio, la venganza. La novela es la historia que escribe el clérigo en Montserrat para que la lea el niño que ha dejado en un orfelinato de Burdeos. Narra la ascensión y caída de una familia burguesa desde finales del siglo XIX hasta la Guerra Civil, pero de una forma espectral, un poco misteriosa, y un poco surrealista. No es un texto muy lineal. Siempre hay la presencia de un misterio, fortalecido por el lenguaje del clérigo tan sentencioso y solemne. -Sale usted a premio por novela. ¿Eso se está reflejando en la difusión de su obra o ésa es una batalla más dura? -Es un asunto difícil el de la difusión. Hasta ahora, cada novela que he escrito ha ganado un premio. Hace muchos años que no envío un libro a una editorial. Seguramente ahora cambiaré. Son premios institucionales, no comerciales, que están absolutamente mediatizados. Estoy contento de haber ganado estos premios y que el libro que se difunda. La editorial es la más potente del ámbito lingüístico catalán. -¿Se va a traducir al catalán? -Seguramente. Han creado un sello paralelo para narrativa en castellano y en ese proyecto se inserta esta novela. Más complicado será lanzarla al resto de España. Como es un libro en el que se cuentan muchas historias de amor, de muerte y de tragedia y a la vez es muy delirante, con páginas muy divertidas, muy surrealistas y muy grotestas, atraerá más. También tengo que decir que es un libro que supongo que no gustará mucho a los nacionalistas catalanes, aunque ese tema se toca de modo muy tangencial. Hay alguna pequeña broma sobre el nacionalismo. Y también he querido que se note que detrás hay un autor berciano y alguna coña surge, para desconcierto y regocijo de los bercianos. Y es cierto, tengo la ilusión de que este libro se difunda más que los anteriores, porque han sido libros muy literarios, con muy buenas críticas, pero quizá no han obtenido una gran repercusión en las ventas. Quizás éste tenga más posibilidades.