Diario de León

| Entrevista | Manuel Luque Tapia |

«El poeta tiene que poner el corazón y las entrañas, si no, de nada vale»

El González de Lama, uno de los premios poéticos más importantes de España, lo ha ganado este año un cordobés que vive y trabaja en un pequeño pueblo, Doña Mencía

Pie de foto Lor sequisi. Lor autat lore vel dolorting eumsan henit digna faccum modiam

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E. Gancedo Firma - león data
León

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El Premio de Poesía Antonio González de Lama, que se falló anteayer en la capital leonesa, ha ido a parar a un -de verdad-, poeta del pueblo. Manuel Luque Tapia, de 42 años, es un cordobés de Doña Mencía, población de poco más de 4.000 habitantes, y, aunque licenciado en Filología Hispánica, continúa con la ocupación secular de su familia: es barbero. Y su barbería de pueblo es «su nidillo», como dice, un microcosmos de creación literaria y de encuentro social verdaderamente fecundo en el que, además de rasurar barbillas y arreglar remolinos, escribe un verso limpio y comprometido que ha cautivado al jurado leonés. A la vez, Manuel Luque se siente conectado al mundo por medio de internet, y gracias a la red se ha ido presentado a premios y certámenes que ha ganado en abundancia. -Usted ha escrito poesía desde niño, pero hasta el año 1997 no se decidió a sacarlo a la luz. ¿Por qué razón? -Yo tenía afición a escribir desde chavalillo. Tenía mi diario, escribía mis cosas, mis versos... pocos son los adolescentes que nunca han escrito unos versos a una chica en su vida, pero yo sabía que lo mío no era transitorio. Y escribí mucho, poesía y también prosa, pero me daba miedo presentarlo porque eso sería como desnudarme, ¿me entiende? No quería desnudarme delante de la gente. Mi hermano y mi mujer fueron quienes me animaron a participar en un concurso que organizaron en el pueblo, que gané, y después en certámenes de la comarca; así, poco a poco hasta que gané otros mayores como el Premio Platero de cuentos en español de la ONU, en el 2003. -¿Qué significado tiene para usted, que hasta hace poco no se había dado a conocer, haber ganado todos estos premios? -Una gran satisfacción, y no sólo económica, sino también personal, ya que todos estos premios me dicen que lo que yo escribo es bueno, que aunque viva en un pueblecito chico puedo hacer cosas buenas, me ayuda a confiar en mí mismo. Me recompensa. Y este premio de León, el González de Lama, mucho más, por su importancia y también por su dotación económica, que es muy superior a las de todos los demás premios que he recibido. Suelo tener problemas de ánimo y esto sin duda me ayuda bastante. Además, necesito el dinero, por lo que el premio me viene muy bien. -¿De qué trata tu poesía? ¿Qué le cuentas al lector? -Con Sombras del Crepúsculo quiero lanzar un mensaje crítico a la sociedad en la que vivimos, a los desequilibrios que permite. Me alarma mucho el problema de la inmigración, de toda esa gente que viene a Europa con la idea de que va a encontrarse un mundo idílico y el desenlace ya ves el que es; se ven abocados a las peores condiciones de vida, los peores trabajos... el poemario es un homenaje a toda esa gente. -Tu mensaje es muy claro y hablas de un tema muy en boga, eres pues un poeta de la actualidad, de la realidad inmediata... -Pues sí, y buena culpa de ello la tienen varias circunstancias de mi vida. Antes te hablaba de la inmigración: yo he vivido muy de cerca los problemas de esa y de otra gente porque tuve un problema de alcoholismo y me vi sumergido en ese submundo. La poesía me ayudó a salir de todos esos problemas, que me sumían a la vez en grandes depresiones. Por eso mis versos son muy claros y realistas, tanto en lo que se refiere al tema como a la forma. Todos esos problemas sociales se resumen en la ya conocida frase: «Todos sabemos, pero todos callamos». -¿Cómo es la relación con el resto de vecinos, sobre todo ahora que saben que tienen a un gran poeta entre ellos? -Al principio, cuando gané el primer premio del certamen del pueblo y otros de la zona, empleaban el término «poeta» de un modo sarcástico, con muchas connotaciones. Fue entonces cuando me di cuenta de que yo quería ser poeta y no quería avergonzarme de ello. Después, conforme iba ganando más premios, esas connotaciones desaparecieron por completo. -¿Puede uno vivir en un pequeño pueblo y dedicarse a escribir? -Sí, no hay problema, porque ahora dispones de internet para enterarte de lo que pasa en todo el mundo, y también de lo que pasa en el mundo literario. El problema es a la hora de desplazarse físicamente. Yo tengo un coche pequeñito, como yo le llamo, un «coche de cercanías», que no me lleva a más de cincuenta kilómetros más allá. -Vaya, que por el momento no piensa mudarse a una población más grande. -No, yo tengo aquí mi «nidillo», mi barbería, donde trabajo y escribo, y donde tengo también una biblioteca. De vez en cuando entran algunos vejetes, me cuentan historias, charlamos, yo estoy encantado; aunque está claro que en una ciudad quizá podría contar con más apoyos, aquí sólo está el concejal de Cultura, que se limita a comunicar la noticia a la gente cuando gano un premio, y el corresponsal del periódico, que nunca me ha hecho el menor caso. -¿Qué piensa de esa otra poesía, la que es críptica y oscura? -Mira, hay poetas en Córdoba capital que me desprecian por ser de pueblo, pero a mí su poesía no me dice nada: todo son palabras rimbombantes y poco más. Cada uno está bien situado, no sé si en la Diputación, el Ateneo, yo qué sé. Pero lo que no puede ser es que la poesía no diga nada. La poesía tiene que hacerse con el corazón y las entrañas, si no, no vale para nada. Texto

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